La tragedia y la dulzura

  1. Tragedia
Hiroshima, mon amour (Alain Resnais, 1959)

Es pues una enamorada la que habla y dice:

Me permito comenzar de la misma manera en la que Roland Barthes comienza su Fragmentos de un discurso amoroso para nombrar mi propio discurso a propósito de la pasión romántica y la tragedia. En estos días he pensado mucho en cómo, de repente, todas las palabras de las enamoradas en la tristeza y en la alegría han cobrado sentido. Escribo palabras, pero realmente estoy pensando en lamentos y en canciones tristes. Mi cuerpo canta y se lamenta. He sentido cómo mi alma necesita comunicarse a través de la música, el primer síntoma de mi tragedia fue escuchar mi interior y reproducir una canción de Billie Holiday y después una de Rocío Dúrcal.

F. habló conmigo por teléfono, le dio peso a mi intuición, me dijo que en su etimología griega la palabra tragedia hace referencia al canto del “macho cabrío” (trágos y ádein). Un satori: hay una conexión entre mi experiencia y las palabras, la tragedia adquiere su sentido pleno de palabra griega porque mi alma se lamenta con cantos (no exactamente de macho cabrío). Soy pues una enamorada que canta el desgarro que acompaña al amor. En mi experiencia, sentía una especie de mala fortuna, como si mi destino hubiera virado súbitamente, pero ¿y si realmente ese era mi destino? Una intuición también me hacía recordar las palabras de mamá “el amor no es para siempre”, “nadie muere de amor”, “estás enamorada de amor” como si ella misma, desde mi adolescencia, hubiera leído mi destino mientras yo lo descubría en las novelas del romanticismo.

Y ahora que leo de nuevo a Barthes están las premoniciones de mamá en el texto, están también en las canciones que escucha mi abuela, las que escucharon mis padres y ahora yo escucho: morir de amor (despacio y en silencio sin saber, si todo lo que he dado te llegó a tiempo) enamorarse del amor, abismarse, esperar. Barthes se interesa por un conjunto de palabras que describen el discurso amoroso pero la mayoría guardan relación con el desgarro del desamor, como si en el desgarro un cúmulo de experiencias se agruparan para producir una reverberación que perdura en las canciones.

A veces sueño que canto, en mis sueños canto boleros con una voz dulce y potente, canto: ¿Qué te importa que te ame si tú no me quieres ya? El amor que ya ha pasado no se debe recordar, en mis sueños canto el lamento de las amantes de antaño, las que compusieron esas canciones que parecen referirse a experiencias en permanente repetición. Nos repetimos en el desgarro y, sin embargo, todo desgarro nos arranca sin piedad, como dice otra canción. En mi lamento, las canciones que vibran en mi cuerpo son también satori, tienen sentidos plenos que se me revelan. Como esa canción de Violeta Parra: Volver a ser de repente tan frágil como un segundo, volver a sentir profundo, como un niño frente a Dios. Eso es lo que siento yo, en este instante fecundo. Sentía la fecundidad de la creatividad que me motivaba a escribir párrafos largos sobre la melancolía y la espera, ¿Cómo puede ser más fecunda la fragilidad que la calma del amor?, ¿por qué me siento más acompañada (por canciones, por novelas) en mi tristeza?

El lamento también puede cantarse en coro. Como en la ópera, el lamento nos abisma a la muerte, es su paso previo. Me he resistido tanto a ese sentimiento de muerte a través de la tragedia porque prefiero la cercanía con la muerte a través del placer que describe Bataille (aunque para mí, la petite mort está más cerca de la vida) y, sin embargo, me reconozco en las palabras que nombran la tragedia. Una paradoja: mi cuerpo me recuerda la vida cuando me abismo; cuando más fuerte es el dolor, más deslumbrante es el instante en el que reconozco la vida. Tal vez por eso es difícil describir la calma de un amor tranquilo, la recuerdo ahora: el calor de una cabaña de madera, la sombra de un árbol frondoso, el primer trago de un té caliente. Pero es que no puedo escapar a la tragedia, es como una canción que no sale de la cabeza, mientras voy en el autobús por las avenidas de la Ciudad de México en la radio todas las canciones de la radio acompañan mi lamento: Lloviendo está y por eso es que no vez mis lágrimas, las mismas que te seguirán a donde vayas.

Qué tradición tan antigua la de cantar la pérdida del amor. Pienso en el blues como una continuación de ese canto de machos cabríos, es la voz de Billie Holiday cantándole al amor y al amante ausente, pero también a los frutos de los árboles del sur porque la tragedia, al contrario del amor, no siempre individualiza al otro, se multiplica en la experiencia de lo común. En nuestra tragedia reconocemos un dolor colectivo que parece advertirnos de las desgracias porque otros ya la han vivido antes. Tal vez a eso se refiere Anne Dufourmantelle cuando escribe: “todas las tragedias griegas nos enseñan que hay que estar muy atentos a la sabiduría del coro, incluso cuando está ciego el discernimiento”.

Estoy ciega y canto si el amor hace sentir hondos dolores y condena a vivir entre miserias. Yo qué diera, mi bien, por tus amores, hasta la sangre que hierve en mis arterias, y tal vez todas estas canciones ya no son una advertencia, son más bien un coro al que me uno con este canto en el que reconozco mi propio sufrimiento, ¿será que cuando el amor agoniza por fin deja de estar individualizado? Tal vez uniendo mi voz al coro ese a quien amo deja de ser único y mi experiencia de amor deja de ser única también. Me fundo entonces en esta tragedia compartida, me uno al lamento de los bosques antiguos. Me uno al canto de todas las amantes que lloraron alguna vez.

2. Dulzura

Conte d’hiver (Éric Rohmer, 1992)

Es pues una enamorada la que habla y dice:

Si todas las canciones de desamor vibran plenas de sentido ¿por qué no tendrían que vibran aquellas que hablan de la dulzura de un encuentro? En mi experiencia, la dulzura es el otro lado del desgarro; están unidas por los hilos del destino, separadas sólo por una temporalidad problemática. Esa temporalidad es la que nos hace pensar que algo pasó cuando tenía que pasar, ahora adquiere un sentido aquello que me dijo S., mi primer amor, a propósito de unas líneas de Mouline Rouge: Lo más grande que aprenderás será amar y ser amada en reciprocidad, esa reciprocidad es el tiempo coincidente, la suavidad de vivir la coincidencia del amor en un aquí y ahora. Así como el blues significa la tristeza, pienso en la palabra tender, en inglés,para nombrar la suavidad de los días posteriores a un encuentro amoroso.

¿Dónde están las canciones que hablan de la dulzura, de la suavidad, del tiempo coincidente? Aventuro una hipótesis: el encuentro atraviesa tantos momentos, tiene tantos rostros, que es imposible cristalizarlo en palabras, al contrario del desamor, que parece referirse a un solo dolor: el del desgarro. Otra hipótesis: es tan milagrosa la temporalidad del encuentro que no se puede hablar de él en el presente, pero si se deja que pase suficiente tiempo puede convertirse en un desgarro. Una tesis más: la escritura habla siempre del pasado, la dulzura es puro presente.  

De nuevo Billie Holiday: Living for you is easy living, it’s easy to live when you’re in love, and I’m so in love, there’s nothing in life but you. Las palabras más sencillas para referirse a un presente de dulzura: es fácil vivir. Las palabras son sencillas, pero es la melodía la que transparenta la dicha del día a día. Otra hipótesis: la tragedia alarga los días, la dulzura los hace más cortos. La dulzura no puede cantarse en coro, pienso en los trovadores de la tradición del amor cortés, le cantan a su dama porque es ella y sólo ella la que encarna el ideal del amor y sin embargo es posible reconocernos también ahí, en un encuentro pensamos que es esa persona y sólo esa persona la que parece estar destinada a nosotras. Entre las multitudes, el hombre que yo amo.

Es pues una enamorada la que habla y dice: ¡Qué maravillosa coincidencia encontrarte a ti, entre millones de personas, justo ahora! Pero en esa suavidad de los días, en la experiencia de conocer al otro, me pregunto si es posible sentir el amor más allá de esta fusión con otro. He sentido el olvido de mí misma para sentirme (y conocerme) a través de la mirada ajena. Ser amada, he pensado, es algo así como mirar y dejarse mirar. Darse, perderse, olvidarse para fusionarse en el otro, con el otro. Es la unión de la que hablan las religiones. Por eso, invariablemente, la experiencia de la pasión amorosa o el amor romántico o el deseo sexual y afectivo, (tantos nombres) me hace pensar en otros tipos de amor, el amor y la caridad que describe Simone Weil: ser en el amor porque somos amor.

¿Pero cómo escribir sobre la gracia, sobre la dulzura? Porque amar es un milagro, hay otro abismo luminoso (pero abismo, finalmente) en el que podemos rozar el silencio y la falta de toda lógica, se nos atraviesa la duda ¿por qué yo?, ¿por qué tu? Silencio, es imposible saber. Y sin embargo, sabemos. Dinah Washington sobre los días del amor: Brought the sun and the flowers where there used to be rain, my yesterday was blue, dear, today I’m part of you, dear. My lonely nights are through, dear. Since you said you were mine. De nuevo, como en la tradición romántica, los días son correlato de los estados del corazón, el día luminoso que se lleva la tormenta, la primavera calienta el corazón de la enamorada.

Hay símbolos, hay figuras, hay metáforas que se repiten en diferentes lugares y en diferentes momentos, pero todos parecen se refieren a una misma experiencia universal, atemporal, por eso cuando leo me (re)conozco. Están las estaciones, pero también está la mujer solitaria que le canta al amado que su corazón aguarda y cuando lo encuentra canta: At last, my love has come along, my lonely days are over and life is like a song. Trovadoras solitarias, que le cantan al único amor que tal vez podría ser el amor mismo. Amar el amor porque somos amor. Mi cuerpo que ha conocido el desgarro y la tragedia parece abrirse también a la pasión amorosa y reconocer cómo la gracia nos (me) ilumina.

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s