El amor es una lechuga hidropónica

BERLINALE 2020: FIRST COW DE KELLY REICHARDT « desistfilm
                                                                         Primera Vaquita (2020)

A D. le gusta leer a J. R. R. Tolkien, el otro día hablamos sobre cómo las palabras y las imágenes nos ayudan a interpretar el mundo. Me dijo -contrario a lo que yo creí en algún momento, durante mis años de formación académica- que, para él, la fantasía es una forma más para comprender la realidad, como la ciencia o la música. Comentamos que posiblemente no exista una interpretación doble en las historias de la Tierra Media, quizá ellas se remitan a sí mismas y no sean una metáfora de otra cosa (de la Primera Guerra Mundial, pensé) quizá se remitan a sí mismas sin ser sólo un compendio de otras “mitologías” (como muchas veces leí).

Porque en esos años estudiantiles yo veía la literatura como un mundo que se comunica con la misma literatura, cuando escribía sobre Borges, por ejemplo, era en clave intertextual: Borges comunicándose con Cervantes, con la literatura japonesa, con los ensayistas ingleses. Para mí era como si existiera un mundo de imágenes literarias aparte del mundo real (del que, en todo caso, tomaba el material la literatura para crear otra cosa, ese otro mundo de palabras) era una especie de platónica literaria. Pero pensar en la “materialidad” de la fantasía que dice D. me hizo pensar que últimamente el cine para mí, es parte de la realidad misma, interpretar el cine es como interpretar la realidad.

Hace unas semanas vi First Cow (Primera Vaquita traduje libremente), para mí, las imágenes de las hojas caídas en el bosque, los ríos o la preparación del pancito remiten a la vida misma, a un modo peculiar de observación en el que el detalle y lo cotidiano tiene una potencia subversiva; la historia de la amistad entre Cookie y King, los personajes principales, parece que cierra esa idea. Llevo tiempo pensando en que, durante este fin del mundo, la amistad es resistencia política y una especie de hogar o espacio para la creatividad (parecida a esa cabaña donde cocinan pan todas las noches). La película le habla a mi experiencia de vida. Tal vez soy vitalista cinematográfica.

Quiero explicarlo de nuevo. En mi interpretación de la realidad, a través de la literatura o el cine, ese platonismo o vitalismo (que, dicho sea de paso, estoy reduciendo bastante) son sólo diferentes modos de mirar; uno no es mejor que el otro, pero en mi caso quitarles esa especie de jerarquía, me ha hecho ver al mundo como si en él viviera la magia, como si pudiera encontrar un gnomo en el bosque. Es algo así como dejar de buscar metáforas, esto me hace acordarme mucho de una clase que dio mi amigo J. sobre La metamorfosis de Kafka, nos dijo a L. y a mí que después de que sus alumnos aventuraron interpretaciones de por qué Gregorio Samsa despertó convertido en un insecto él les dijo que tal vez no había metáfora.

Y aunque tengo esas certezas sobre Primera Vaquita aún no encuentro la forma de comunicarlas, me parece que, si escribo “La última película de Kelly Reichardt, retoma la amistad como ya lo hacía en Wendy y Lucy…” estaré traicionando la honestidad que vi en las imágenes. Por eso el lenguaje verbal no es el único que comunica, y qué bueno, pero yo he estado intentando hacer de la crítica esta herramienta de interpretación que intento describir, aunque eso me ha dejado en silencio muchas veces, como ahora. Eso le dije a D. –no se lo dije tan claro, creo– le dije vagamente que quería escribir con honestidad. Le dije que cuando escribí sobre el fin del mundo, el año pasado, sólo tenía la sensación de que ciertas idas “sólidas” (como el amor o el trabajo) se desvanecían en el aire (poliamor, free lance, de nuevo estoy reduciendo).

Tenía esa certeza: desde los 25 siento que estoy viviendo en un mundo diferente del que creía. Me lancé con felicidad a la dinámica del home office y me sentía muy libre de poder viajar trabajando mientras estaba en hostales, luego vino el peso de la precariedad laboral; quise describir esa sensación con una metáfora: quedarse encerrado en casa mientras el mundo colapsaba afuera (estamos viviendo en mi cuento sobre el fin del mundo y ya no es una metáfora). La idea del cuento era sólo describir la sensación de impotencia por salir, el peso agobiante de los días para una familia que se va quedando poco a poco sin lo vital, mi idea del fin del mundo no tenía ni una pizca de esperanza. D. me hace pensar en las esperanzas.

“Si el fin del mundo se pareciera a esas películas de zombies, creo que el amor y la amistad serían como esos huertos caseros de verduras hidropónicas” le dije.  Y pensaba en Primera Vaquita y en los lazos de amistad que se han estado cultivando (nunca antes mejor usado el adjetivo) durante esta pandemia. A la distancia ahí están las pocas amigas que cumplen años en sus casas y me hacen recordar cómo las conocí y por qué nuestra amistad tenía ese germen de la revolución de la que tanto me gustaba hablar como si intuyera que de ella podría nacer una zanahoria, o una papa. Hablar con mi amiga H, por ejemplo, es como regar las plantitas con sus papas o sus zanahorias.

Sí, tuve que usar una metáfora para explicarlo, imágenes como esas siempre me han ayudado a explicar ciertas ideas, H., por ejemplo, las dibuja. Tal vez mi recelo con las metáforas se debe a que creo que es difícil establecer un consenso entre los significados. Si H. dibuja una lechuga hidropónica los lectores de este texto sabrán que significa la resistencia política del amor en el fin del mundo.. difícil. Pero es también por este abanico de significados por lo que la interpretación y la crítica es tan interesante. Es como si siempre estuviéramos atisbando el mundo, como si lo viéramos a través de un rayo de luz muy fuerte que nos deslumbra y adaptar la vista es el proceso de interpretar, de comunicar.

Yo todavía no tengo un cultivo hidropónico en casa, ni ningún tipo de cultivo, ni siquiera una plantita de menta o hierbabuena. En casa de mi abuela sí están cultivando verduras y plantas y llevan un par de años comiendo del huerto, aquí en casa la nochebuena de diciembre murió hace un par de semanas y me sentí muy triste, nunca he podido cuidar bien una planta, pero a la amistad y al amor creo que sí les procuro un poco más de cuidado. La metáfora del amor como flor la encontramos L. y yo en una representación de danza en un Cervantino y yo nunca la he abandonado, me gusta la imagen de la flor y de la casa de madera para pensar en el amor: cultivar y vivir de manera cálida. Con este encierro siento muy cercanas esas imágenes, siento que de repente el espacio que habito cobra total relevancia, en mi hogar están mis objetos, mis libros, mi cama. En esta casa estoy viendo crecer a mis gatos, esta casa se ensucia mucho, pero me está conteniendo.

 

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