Creación y destrucción erótica: una lectura a las ideas de Sabina Spielrein

Spanish Women . Polyptych. 1923-1924. Oil on canvas
                        “Mujeres españolas”, Natalia Goncharova 1923-1924

A inicios de año entré en un conflicto teórico que tuvo un impacto muy peculiar en mi vida erótica: algunas ideas referentes a la naturaleza violenta del erotismo (defendidas sobre todo por autores como Sade o Bataille) me parecieron de repente muy cercanas a una práctica impune de la violencia sobre las mujeres y, como consecuencia, mis fantasías sexuales relacionadas con sumisión y dominación dejaron de excitarme y con eso se apagó todo mi autoerotismo.

Releí a Bataille a la luz de las ideas de Lou Andreas-Salomé y su noción sobre la muerte y la violencia adquirió otro sentido pero en mí resonaba el concepto freudiano de pulsión de muerte que veía muy cercano a las ideas de Bataille sobre el nacimiento de la cultura (según ellos, nace de una prohibición violenta como el incesto) y al mismo tiempo recordaba  un par de películas que había visto sobre la psicoanalista rusa llamada Sabina Spielrein: The Soul Keeper (2002) y A Dangerous Method (2011) en ellas, Spielrein era una suerte de “musa maldita” con tendencias sádicas.

Lejos de la ficción, Spielrein escribió en 1911 “La destrucción como origen del devenir”  en donde presentó el antecedente freudiano de la pulsión de muerte. En el artículo, la psicoanalista parte de su experiencia y escribe:

Al ocuparme de problemas sexuales, me interesó especialmente una cuestión: ¿por qué este instinto más fuerte, el instinto de reproducción, aloja en sí, junto a los sentimientos positivos de esperarse a priori, sentimientos negativos como miedo, asco, los que en realidad deben superarse para que pueda lograrse la actividad positiva?[1]

Antes de continuar quiero hacer énfasis en la importancia del punto de vista femenino, con él está introduciendo temas interesantes: la condición de la maternidad y la sexualidad prohibitiva de la época. Así, en la elaboración de sus ideas sobre la destrucción como origen hay una lectura muy similar a la de Lou Andreas-Salomé en la que se identifica la creación artística con el acto de engendrar.

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“Dos doncellas rusas”, Natalia Goncharova, 1920

También hay un claro énfasis en el amor erótico (el gran ausente en el psicoanálisis freudiano), Spielrein cita a Jung: “El ansia apasionada, es decir la libido, tiene dos lados: es la fuerza que embellece todo y que eventualmente destruye todo. A menudo se tiene la impresión de no poder entender bien en qué consiste la cualidad destructiva de la fuerza creadora”. A lo que la autora contesta: “es la propia pasión amorosa la que con la necesidad férrea lo obliga a uno a lo que no quiere. Se siente el final, lo efímero, de lo que en vano quisiera huirse a distancias remotas”.

Y, como en un eco muy claro al principio de lo erótico del que nos hablaba Bataille (“la aprobación de la vida hasta la muerte”) Spielrein alude a los filósofos griegos y comenta: “este sufrimiento consiste en que cada partícula de nuestro ser ansía volver a transformarse en su origen, del que procede entonces otra vez el nuevo devenir”. Su referencia al pensamiento griego es clave para entender su idea del sufrimiento, porque para ella dolor y placer coexisten de manera dialéctica (y aquí resuena el amor-odio de Empédocles).

Podemos obtener placer directamente en el displacer y placer en el dolor, el que tomado en sí mismo, tiene una fuerte connotación desagradable, porque el dolor corresponde a un daño del individuo […] por consiguiente, en nuestra profundidad hay algo que, tan paradójico como puede sonar a priori, quiere este daño a uno mismo, porque el yo reacciona a esto con placer.

Placer y dolor son dos facetas del deseo erótico (entendiendo Eros como amor) pero no sólo eso, son fuerzas destructoras y creadoras que construyen al individuo. En un giro contrario al postulado de Bataille, para Spielrein la muerte es una disolución del yo en la que la creación artística es un medio de integración con lo que nos es semejante (padres, antepasados ¿el arquetipo junguiano?). Así, más que afirmar la vida en el dolor que produce el ansia del retorno al origen (tópico muy presente en cierta literatura existencialista) Spielrein y Salomé sugieren la vía de la creación.

El instinto de procreación, que para Spielrein es también instinto de transformación, se acompaña del placer de la disolución de nuestra persona en el amado semejante (y eso, para ella es amor). Esta idea de creación artística como gestación me recuerda bastante a  Nietzsche y sus ideas “preñadas de sentido”; así lo afirma Spielrein en su lectura de Así habló Zaratustra: “para Nietzsche el conocimiento no es otra cosa que un anhelo de amor, de creación”.

Y con la idea de creación su concepto de instinto de muerte se separa de la pulsión de muerte freudina, para Spielrein “ninguna transformación puede darse sin una destrucción de un antiguo estado”; sin embargo, este instinto de destrucción está dirigido hacia dentro (los sentimientos de miedo y asco que describe al inicio de su artículo, el dolor que lleva consigo el propio goce erótico) pero también hacia afuera (la creación y el alumbramiento).  Para Freud, en cambio, la pulsión de muerte está referida sólo hacia afuera, toda pulsión tiene su fuente en una excitación corporal (estado de tensión), gracias a un objeto la pulsión llega a su fin, pero no desaparece, se va con el deseo siempre prófugo para el piscoanalista.

Woman with Fruit (1910)
“Mujer con fruta”, Natalia Goncharova, 1910

Hay una diferencia más que para mí es sutil pero muy significativa, para Freud la idea de placer (Lust) conlleva una descarga de excitación (Reiz), de tal suerte que la sobrecarga de excitación causa un dolor que se resuelve en su descarga (que produce placer) ; a diferencia de las ideas de Spielrein, para Freud placer y dolor son dos extremos. Me parece significativa esta definición porque creo que está elaborada desde una experiencia fisiológicamente masculina del placer sexual, la experiencia del placer en un cuerpo femenino no enfatiza el placer en una descarga, principalmente porque nuestro orgasmo no está unido a una eyaculación.

Mis lecturas de las ideas de Lou Salomé y Sabina Spielrein me ayudaron para contrastar conceptos tan afianzados como el de la violencia en el erotismo de Bataille o el de la pulsión freudiana, sin afán de profundizar más en las coincidencias o desencuentros que pudieran identificarse, creo que es posible enriquecer puntos de vista. Últimamente he pensado mucho en cómo ciertas circunstancias construyen una visión del mundo y fue curioso, en ese sentido, encontrar semejanzas en Salomé y Spielrein: el amor, la creatividad, la unidad dialéctica… sólo en una dialéctica y en una armonía (anima, animus) pude comprender cierta tendencia masculina de usar ideas como el impulso, la violencia o la afirmación del yo en contraposición de las ideas que proponen las autoras.

Eventualmente, la inquietud por el autoerotismo perdido se disipó y me hizo pensar en que, como comentaba a propósito de Freud, el dolor y el placer no se encuentran en los extremos, el goce lleva consigo su fuerza creativa y destructiva; de igual forma, la sumisión y la dominación son dos polos complementarios que hacen que el placer, como el poder, sea fluctuante… pero ese es un tema que exploraré después.


[1] Spielrein, Sabina La destrucción como origen del devenir, disponible en : http://www.revistanacate.com/archivo/la-destruccion-como-origen-del-devenir-sabina-spielrein/

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