Aprobar la vida hasta la muerte: cruces y diferencias entre el erotismo de Georges Bataille y Lou Andreás-Salomé

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Fotografía de Eikoh Hosoe
  1. El erotismo y lo prohibido

Una introducción a las ideas de Georges Bataille sobre el erotismo debe tener en cuenta su lectura a la obra del Marqués de Sade y su trabajo como novelista; porque sus novelas eróticas, por lo general, son correlatos de su ensayo El erotismo escrito en 1979 y que aquí nos ocupa. Así, en Historia del ojo, Bataille elabora un imaginario surrealista con elementos que –para él- aluden indirectamente al sexo: hay genitales de toro, ojos y fluidos como lágrimas, orines y sangre en una historia de transgresión a la autoridad contada desde la infancia. La historia de un grupo de niños y sus “juegos” sexuales le sirve como pretexto para exponer el deseo inconsciente, el desafío a la autoridad y el goce que lleva a la muerte.

De la misma manera en la que Bataille elaboró una constelación de imágenes literarias relacionadas con todos aquellos episodios que ligan a la vida con la muerte (torturas, rituales sagrados, estados de trance o autoflagelaciones), gran parte de los estudios sobre el erotismo posteriores a su obra se distanciaron de la clínica y se convirtieron en reflexión de la literatura. En México, dos importantes lectores de su obra fueron Octavio Paz y Salvador Elizondo; en La llama doble, Paz (sin concederle crédito al escritor francés) escribe: “el erotismo defiende a la sociedad de los asaltos de la sexualidad, pero, asimismo, se niega a la función reproductiva. Es el caprichoso servidor de la vida y de la muerte” (Paz:17) y –de nuevo, como el francés,- hace del erotismo campo de estudio de la poesía porque ambos se abisman a lo infalible.

Por su parte, Elizondo en su novela “Farabeuf”, siguiendo la tradición de los poetas malditos, incorpora imágenes antitéticas de la vida que, de acuerdo con Bataille, no harían otra cosa más que afirmarla: “en ese sólo instante en que, como en el coito, la desnudez y la muerte se confunden y en que todos los cuerpos, aun los que se enlazan en un abrazo inaplazable, exhalan un efluvio de morgue, de carroña conservada asépticamente” (Elizondo:36). Quise establecer una comparación entre los ensayos sobre el erotismo de Bataille y las ideas de la escritora rusa Lou Andreas-Salomé (con varios textos de éste tema publicados a principios del siglo XX) porque ambos insisten en el vínculo existente entre erotismo y religión y su relación con lo sagrado; sin embargo, para Bataille hay una suerte de impulso manifiesto en la transgresión que para Salomé es un hálito de vida que orilla a la creación.

  1. El camino a la unidad
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Fotografía de Eikoh Hosoe

Las ideas de Salomé sobre el erotismo están compiladas en ensayos que la escritora publicó en varias revistas en momentos diferentes, tres de ellos son bastante importantes para establecer una diferencia con las ideas que existían sobre el sexo (y las mujeres) en su época: “El ser humano como mujer”, “Reflexiones sobre el problema del amor” y “El erotismo”. En el segundo (escrito en 1900) señala algo importante: “nuestra vida sexual se ha localizado en nosotros en su aspecto físico y se ha distanciado de las demás funciones, algo así como la función digestiva se ha localizado en el vientre o la respiratoria en los pulmones; pero a diferencia de éstas, conduce a una interna excitación de toda la persona que arrastra a todo el ser hasta una extrema pasión” (Salomé:50). La escritora, medio siglo antes que Bataille, y en su cercanía con los primeros ensayos de Sigmund Freud (con el que mantuvo una gran correspondencia) señala la existencia de un padecimiento físico que no por ser invisible a la vista oculta los síntomas del deseo sexual.

Tanto Salomé como Bataille consideran que el erotismo no se puede estudiar de manera independiente a la historia de las religiones y su manifestación en el arte. En la conocida máxima de Bataille “el erotismo es la aprobación de la vida hasta en la muerte” (Bataille:15) resuena una observación de la escritora rusa referente al carácter egoísta y altruista de los humanos. Bataille, en un despliegue poético, se refiere a lo “discontinuo” como el abismo que nos separa: “nos resulta difícil soportar la situación que nos deja clavados en una individualidad fruto del azar. A la vez que tenemos un deseo angustioso de que dure para siempre eso que es perecedero, nos obsesiona la continuidad primera” (p:19).

Salomé plantea una idea similar, pero en lugar de apuntar desde un inicio hacia lo trascendente, parte de lo humano: “lo erótico se sitúa en una posición intermedia entre lo egoísta y lo altruista; o en otras palabras, del estrechamiento, de la reducción de nuestra voluntad individual en la diferencia, la extrañeza y la hostilidad, o de su dilatación hasta abarcar al otro, el prójimo, como una parte de sí mismo” (p:102). La escritora también escucha los ecos de la filosofía perenne y escribe “en lo profundo [el egoísmo] va destinando todo lo demás hacia lo otro que internamente somos, hacia el todo-uno que nos unifica” (p:103).

     3. Creación y transgresión

Es en ese camino al Uno (en el anhelo de continuidad) en donde se hace presente el erotismo y aunque ambos autores comparten las mismas intuiciones respecto a la naturaleza de lo erótico-religioso hay una distancia peculiar en el desarrollo de sus ideas; mientras que para el francés lo erótico se manifiesta siempre con violencia, la escritora describe una relación fecunda entre erotismo, amor (como Eros platónico) y creación. En ese sentido, podría decirse que Bataille está siempre del lado del tánatos, para él la destrucción y la fascinación por la muerte es intrínseca a lo erótico.

De esta manera, en el impuso de muerte descrito por Bataille hay una enorme reivindicación del cuerpo como vehículo de placer-dolor. Para ilustrar la manifestación del erotismo cita danzas eróticas, mutilaciones del cuerpo y orgías sagradas. A la luz de Platón, me atrevería a decir que en Bataille existe un espíritu ilustrado, el mismo que encarnó Sade, sus críticas a la iglesia están basadas en la prohibición del cuerpo que mal interpretó el cristianismo. A eso se refiere cuando, citando a Baudelaire, habla del mal: “Yo digo: la voluptuosidad única y suprema del amor reside en la certeza de hacer el mal” (Bataille: 133) y también cuando escribe “No hay mejor medio para familiarizare con la muerte que aliarla a una idea libertina” (p: 29).

De acuerdo con esta interpretación, Salomé estaría más próxima a las revisiones que la mística medieval hizo de El Banquete y del resto de la obra de Platón, el cuerpo también es importante pero sin perder de vista la correspondencia que mantiene con su psique: “de la pasión amorosa pretendemos lo mismo en el sentido psíquico que corporal: nada de disolverse en el otro sino volverse más fructíferos por medio del contacto, en un robustecimiento hasta un desborde de felicidad” (p:69).

Amor es creación y las imágenes de Salomé para referirse a esto se tiñen de la mística cristiana (la experiencia erótica, como la mística, invoca a la poesía para poder expresarse): “el mundo de la creación y del amor significa hogar y cielo” (p: 60) y más adelante: “amar significa conocer a alguien cuyos colores las cosas deben tomar cuando lleguen a nosotros para que dejen de sernos extrañas y espantosas, de manera que se acurruquen a nuestros pies como las fieras en el paraíso” (p: 63) Por último, es necesario recordar que eros y tánatos son dos caras diferentes de una misma moneda; en la manifestación del erotismo, los dos coexisten como una unidad dialéctica, la belleza del cuerpo lleva consigo el germen de su eventual corrupción. Y así, como en el poema de Baudelaire -que inspiró a Elizondo- una carroña evoca la vida que alguna vez existió, esa misma carroña augura también la descomposición del cuerpo de lo amado.


Referencias

Andreas-Salomé Lou (2013), “Reflexiones sobre el problema del amor” en El erotismo, Colofón, México.
Andreas-Salomé Lou (2013), “El erotismo” en El erotismo, Colofón, México.
Bataille, Georges, (2008), El erotismo, Tusquets, México.
Elizondo Salvador, (2006), Farabeuf, FCE, México.
Paz Octavio, (2018), La llama doble, Booket, México.

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