Responsabilidad afectiva

afec

Encontré el concepto en textos sobre poliamor y relaciones abiertas y lo escuché con más frecuencia a finales del año pasado, a inicios de éste les platiqué a mis amigas cómo quería ejercer la “responsabilidad afectiva” en mi vida: pensamos en las citas desastrosas que tuvimos en el pasado con hombres que, con el pretexto de no querer involucrarse “sentimentalmente” en encuentros casuales, habían sido desconsiderados e incluso groseros (del narcisismo al ghosting); aunque en ese momento era “cool” ser la mujer que tampoco se apegaba a sus emociones francamente había una falta de comprensión por ambos lados. Mi respuesta ahora era “borrar” a esos hombres en mi vida; sin embargo, fue necesario un ejercicio de reflexión antes de eso.

Siempre he tenido un poco de conflicto con el concepto de responsabilidad afectiva (el mismo que me generó el poliamor en su momento) mi crítica se basa, sobre todo, en su dimensión política, me parece que la idea de responsabilizarse por uno mismo en una relación abierta o poliamorosa se asemeja a la lógica de la autoayuda “hay que hacerse cargo de uno mismo”, “el cambio está en ti”, premisas que, en el capitalismo, se orientan en un individualismo desconsiderado: “primero yo antes que los otros”, y en su momento más rapaz, hace del otro un objeto de consumo.

Pero la idea de responsabilidad afectiva tiene también otros antecedentes, desde el anarquismo Ema Goldman explora el concepto del “compañerismo”, en su poderoso texto “Matrimonio y amor”concluye con cierto optimismo: “si el mundo ha de dar nacimiento al verdadero compañerismo entre los humanos, la fraterna unión de ellos, no el matrimonio, sino el amor será su padre fecundo”. Para Goldman, en el compañerismo está implícita la idea de ver al otro (a la mujer en este caso) como un semejante y no como un bien o una propiedad.

Es sobre esta línea que los feminismos contemporáneos han hecho de la responsabilidad afectiva un tema de reflexión necesaria porque parece que ha sido en las relaciones sexo afectivas heterosexuales que se ha “naturalizado” el descuido. Y no sólo en las relaciones casuales, en la socialización romántica existe mayor expectativa de que sean sobre todo las mujeres las que provean el cuidado (pensemos en el matrimonio y en la maternidad) y los varones los que sean más desapegados de sus emociones y, por tanto, más descuidados.

Sin embargo, creo que lo anterior tiene cierta lectura “esencialista” que sirve sólo para hacer un diagnóstico a partir de conductas (patriarcales en su mayoría), el mayor trabajo radica en cómo podemos llevar a la práctica la responsabilidad afectiva o el amor libre sin buscar en ellos un manual reglamentario del buen actuar. La responsabilidad afectiva no va a traer consigo una especie de armonía romántica igualitaria, tampoco debería ser una herramienta para eliminar de nuestras vidas a los que acusemos de desconsiderados.

Una actualización de la idea de compañerismo de Ema Goldman puede estar en las diversas maneras que podemos aplicar algo a lo que llamaré aquí “ética afectiva” y en que la que creo que la amistad puede estar muy involucrada. En esas pláticas con mis amigas pensé que mi idea de borrar hombres con los que ciertos encuentros casuales no acabaron muy bien no era desde una “superioridad moral”, el parámetro era sencillo: ¿es posible tener una amistad desinteresada con ellos? mantener o no contacto dependería de la respuesta.

Porque, me parece, que ejercer la responsabilidad afectiva puede ser algo similar a manifestar nuestros deseos de la manera en la que podemos expresarlos en la amistad ¿es deserotizante? no lo sé, aún lo estoy pensando. De entrada, es posible que no obtengamos lo que deseamos, porque en todo caso el deseo es inaprensible, pero sí podremos saber en dónde estamos posicionados y, con suerte, ahorrarnos ciertos pesares.

Si el antecedente teórico de la responsabilidad afectiva es el poliamor (un buen libro para entenderlo es “Ética promiscua” de Dossie Easton y Janet Hardy) su expansión y búsqueda para extenderla a las relaciones sexo afectivas en general es síntoma, a mi parecer, de que, en la búsqueda por opciones a la monogamia, es necesario pensar ciertos acuerdos que parecen muy claros en ésta, pero siempre han sido difusos, apelar a una mayor consideración o ejercer la empatía con los otros refleja que al manifestar nuestro deseo es necesario reconocernos en la mirada del otro.

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