Un deseo morado

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De un tiempo acá (quizá desde febrero de este año, a raíz del #Metoo) varias amigas y yo coincidimos en que algo sucedió con el deseo sexual: bajó nuestra libido y las relaciones con los varones cambiaron, para algunas ahora no es tan sencillo empezar nuevas relaciones sexo afectivas o tener citas. En mi caso ahora tengo muy presente que el deseo es político y que la mayoría de las veces (lo digo desde mi experiencia heterosexual) el modelo del deseo crea una tendencia muy marcada: las mujeres son las seducidas, los varones lo seductores y esa dinámica a veces lleva consigo cierta violencia.

Por esas fechas también reflexioné sobre dos polémicas del cine a las que no les había prestado atención en su momento: la violación a la actriz Maria Schneider durante la filmación de una escena en “El último tango en París” y la relación sexual entre Deckard (Harrison Ford) y Rachel (Sean Young) en “Blade Runner” en la que dicen que no hubo consentimiento explícito. Ambas son dos de mis películas favoritas y nunca antes me habían hecho pensar si existía violencia en las parejas protagonistas, ahora me queda claro que sí, pero la explicación del por qué no es sencilla.

Tamara Tenenbaum en “El fin del amor. Querer y coger en el siglo XXI” dice que es difícil el total “sí” porque “el sexo que tenemos (y, muchas veces el que no llegamos a tener) está atravesado por nociones de legitiman y alimentan relaciones de género desiguales o incluso violentas. Un caso evidente es la idea de que el sexo es algo que los varones demandan y las mujeres accedemos a dar”. Coincido con ella en que esta “transacción” es resultado de la educación que hemos recibido las mujeres, se nos ha enseñado a callar nuestro deseo o, en su defecto, a insinuarlo.

En esta misma línea, socialmente hay más estigma en una mujer soltera que en un varón soltero, la educación sentimental de una mujer está en función de encontrar pareja, la experiencia del amor romántico y su concretización el matrimonio y la maternidad son los ideales a los que debe aspirar una mujer para sentirse “realizada”. En este modelo, la experiencia erótica o el enamoramiento son sólo eventos fugaces (cuando en ellos se concentra toda la subversión).

Apenas hace unos meses me hice realmente consciente de este modelo, siempre creí que para mí no era tan importante “encontrar” pareja; pero al mismo tiempo, durante varios años, me pregunté por qué me era más sencillo llevar una amistad que una relación sexo afectiva. Era justo porque replicaba ese rol de candidata a novia, nunca decía demasiado sobre mis preocupaciones sexuales, nunca hablaba de ellas en la primera cita, no quería que pensaran que era una promiscua que no encajaba para ser “la madre de sus hijos”.

Así, mucho tiempo, fantaseé con el estereotipo del macho alfa seductor y violento, pero en la realidad sólo creaba lazos de confianza en la amistad, siempre creí que en mi esa excitación era algo “natural”, ahora tengo muy claro de dónde surgió: de imágenes similares a “El último tango en París”, y a “Blade Runner” que han ilustrado al deseo desde la perspectiva masculina. Porque, siendo honestas, creo que a ninguna de nosotras nos gustaría realmente ser tomadas a la fuerza, el coito sin excitación previa puede ser traumático y doloroso.

Sin embargo, hay un altísimo grado de perversión en las fantasías femeninas, Valérie Tasso tiene una antología magnífica: “Confesiones sin vergüenza”, abundan escenas con desconocidos, sadomasoquismo y violencia. Tasso insiste en distinguir entre fantasía y deseo, la primera es el motor encargado de despertar nuestra imaginación, el segundo  todo aquello que estaríamos dispuestas a realizar. Para mi son fuerzas libertarias que nos construyen, por eso es urgente llenar el imaginario sexual con la mirada de las mujeres, así, a futuro la imagen del beso a la fuerza no será el único sinónimo de deseo sexual.

Y si al enriquecerse el deseo con miradas femeninas es necesario también destruir y volver a construir el imaginario del amor romántico entonces tendremos que hacerlo porque, desde mi experiencia, jamás me he sentido libre en una relación en la que no tengo la confianza que tengo con mis amistades. La amistad no debe ser lo opuesto del amor de pareja, es necesario tirar la estructura vertical de este último e intentar construir una especie de “deseo morado” en la que los movimientos como el #MeeToo antes que volvernos temerosas ante los varones nos permita desearlos de otra forma.

Hace poco I., un amigo, me dijo que estaba cansado de ser un “machito seductor”, creo que va un poco por ahí, va de prestar atención a la seducción, de fijarnos en el lenguaje del cuerpo (en su humead, por ejemplo) y en el deseo del otro. Una experiencia erótica es subversiva justamente porque no tiene una finalidad más que la propia experiencia del gozo. Y hay más espacios subversivos: la amistad porque nos permite ser hospitalarios,  abrirnos al otro, y las relaciones de pareja porque nos pueden hacer construir una ética en la que el otro sea para nosotros no nuestro objeto conquistado, sino nuestro semejante.

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