Satisfacción

Nobuyoshi Araki
                                                 Fotografía de Nobuyoshi Araki

Hay una estrofa en la famosa canción de los Rolling Stones que dice:

When I’m watchin’ my TV
And that man comes on to tell me
How white my shirts can be
But he can’t be a man ‘cause he doesn’t smoke
The same cigarrettes as me
I can’t get no, oh no no no
Hey hey hey, that’s what I say

en mi interpretación, se refiere a que es imposible tener satisfacción a partir de un deseo impuesto por un anuncio publicitario (el del hombre que anuncia cigarrillos en la televisión). A esto se refería Slavoj Žižek en sus reflexiones sobre el deseo, el consumo y la mercancía: “un deseo nunca es simplemente el deseo de cierta cosa, siempre es el deseo por el propio deseo: el deseo de continuar deseando”. La satisfacción, siguiendo a Žižek, no es conveniente para el capitalismo porque detendría nuestro consumo, hay que tener una especie de sed permanente para no dejar de desear; para no dejar de consumir.

En la época pre-analítica síntomas tan diversos como dolores de cabeza, irritabilidad, insomnio e incluso cierta “propensión a causar conflictos” se encerraban en un único diagnóstico: la histeria (exclusivamente femenina). El estudio de la histeria abrió camino tanto al psicoanálisis como a la tecnología sexual, pero en nuestra época de consumo la búsqueda del placer se escabulle en un modelo de respuesta sexual rápida, desechable y que se repite: deseo-consumo-satisfacción.

Un escenario trágico si tomamos en cuenta que el consumo tiene impacto en nuestro cuerpo: las jornadas de trabajo y la centralización de las ciudades producen estrés y cansancio, el deseo no satisfecho produce ansiedad y algunos otros síntomas que hace 100 años podrían identificarse con la histeria. En algún momento la vida se hizo más rápida y moldeó nuestros hábitos de consumo y la satisfacción sexual se asoció con la eyaculación y no necesariamente con un orgasmo.

La satisfacción, como la he experimentado, esa que me llevó a estas reflexiones que aquí escribo es sin duda más lenta; no sigue ese modelo de consumo y desecho (y en ese sentido puede ser incluso subversiva). Calma mis ansias cuando, como si yo fuera un caldo en proceso de ebullición, siento mucho deseo durante mucho tiempo; puede ir o no con un orgasmo, pero siempre tiene un impacto físico: me relaja, es como la respiración consciente después de una larga jornada, pero acompañada del placer que se experimenta al probar un platillo delicioso.

Otro escenario trágico: el modelo de consumo del que hablo se enfoca en la satisfacción inmediata sin tener en cuenta que toda satisfacción surge de un deseo y el deseo (es importante recordar) más que falta es impulso de vida. De hecho, coincide bastante con la definición de libido de Jung, para quién se trata de una energía psíquica en general.  Freud reconoció sus diferencias con Jung:

“(…) En cuanto a la distinción entre los instintos sexuales y los instintos del ego, para mí, ‘libido’ significa sólo la energía de los primeros, de los instintos sexuales. Es Jung, y no yo, quien convierte a la libido en el equivalente de la fuerza instintiva de todas las facultades psíquicas, y quien combate la naturaleza sexual de la libido”

Por tanto, la presencia de ciertos malestares físicos producto de un deseo no satisfecho son manifestaciones del propio deseo (de la libido si se quiere), recordatorios de que somos sujetos eróticos. La satisfacción implica un proceso: no se trata sólo de saciar un apetito, está en relación con lo que lo originó.

En el yoga kundalini (que Jung estudió a fondo) hay un cierto malestar físico que invita a la observación atenta del cuerpo, se identifica con la imagen de una serpiente enrollada en reposo en la base de la columna vertebral.“Cuando se despierta esta energía en la práctica del kundalini (escribe Jung) se desenrolla y sube por la columna a través de seis chakras”. El kundalini también es la base del tantra, la búsqueda de la unión erótica y eterna entre Shiva y Shakti.

En el pensamiento oriental la relación entre el dolor y el placer es diferente a la que tenemos en occidente; en oriente el dolor es parte del mismo placer, su polo necesario; y sin embargo en el psicoanálisis hay una gran imaginería “oscura” alrededor del placer, Sabina Spielrein le llamó “pulsión de muerte”; para ella una de sus manifestaciones era el sadismo sexual. El polo de la pulsión de muerte es la pulsión de vida: eros y thanatos; la búsqueda de la satisfacción está entre estas dos entidades.

Egon-Schiele-Death-and-the-Maiden
                                                       Egon Schiele “La muerte y la doncella” (1915)

Georges Bataille refiriéndose al erotismo escribe: “somos seres discontinuos que mueren aisladamente, pero nos queda la nostalgia de la [unidad] perdida”. El filósofo francés concibe vida y muerte como una unidad en la que el erotismo es el puente que las conecta, el coito es la vía para experimentar ambas. Bataille y Spielrein coinciden en algo esencial: la importancia del cuerpo en la experiencia del gozo (ambos insisten en la violencia del coito). En ese sentido, la satisfacción –definida desde lo físico– es un placer colmado que burla los modelos de consumo y el tiempo de lo inmediato. Nos recuerda la vida y nos abisma a la muerte.

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