Hablar sucio, el newspeak y la censura

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Fotograma de la película “1984” de 1956

En la novela “1984” de George Orwell se somete a la población de un régimen totalitario a través de una lengua que sustituye el habla cotidiana (oldspeak) para evitar “crímenes de pensamiento”. La newspeak del Partido reduce el vocabulario al mínimo sustituyendo los significados a su conveniencia, una palabra como “malo” se convierte en “no bueno” o el concepto de “buensexo” se convierte en “castidad”.

No sólo en la ciencia ficción existe la idea de eliminar o modificar el significado de una palabra para que el concepto deje de existir, ya de cierta manera a través del uso que hacemos de lenguaje en nuestro día a día censuramos o usamos eufemismos. Si por medio del lenguaje configuramos la realidad, no hablar de algo es volverlo inexistente.

En el tomo la “Voluntad del saber” de la “Historia de la sexualidad” Michel Foucault hace hincapié en cómo el dispositivo del sexo fue controlado través de la confesión y regularizado en la medicina. “Como si para dominarlo en lo real hubiese sido necesario primero reducirlo en el campo del lenguaje, controlar su libre circulación en el discurso, expulsarlo de lo que se dice y apagar las palabras que lo hacen presente con demasiado vigor”, escribe.

Para Foucualt ya habría una especie de ejercicio de la newspeak interiorizado en la confesión porque ésta no se limita sólo a la condena y a la penitencia, sino que, a partir de la riqueza del detalle en el relato hace del cuerpo la raíz de todos los pecados y del coito un “momento de turbación constante”. No sólo la institución religiosa regula el pensamiento a través de la palabra, en el caso de la novela de Orwell es el estado; y de manera general, en toda estructura de poder ocurre esto, el propio Foucault resalta el psicoanálisis, la familia y la educación.

Porque aunque pudiera parecernos que se habla con menos timidez sobre sexo o que se le ha expulsado del territorio clínico o confesional para trasladarlo a la plática casual, el discurso del sexo sigue estando acompañando de estereotipos de género y de autocensura, por eso me parece que uno de los resquicios más importantes es el del “hablar sucio”. “Hablando se enciende la gente” dice un poemínimo de Efraín Huerta, pero en esta afirmación está oculto un desafío: no se trata simplemente de ejercer la facultad del habla, se trata de trasladar el pensamiento a la palabra porque ambos siempre se corresponden.

“Nada hay por fuera del lenguaje” dice el filósofo Jacques Derrida y con esa afirmación  surge una pregunta interesante ¿cómo determina el lenguaje nuestra manera de entender el mundo? En “Las palabras y las cosas”, Foucault rastrea cómo el lenguaje constituyó formas de entender el mundo, desde la idea de semejanza en el Renacimiento (las palabras se parecen a las cosas: analogía) hasta el sistema de diferencias arbitrarias de la época moderna propuesto por Ferdinand de Saussure.  En ese sentido, para Foucault el lugar de las palabras en relación con las cosas en la época moderna rebela que los sujetos jamás podremos usar el lenguaje de manera objetiva.

¿Qué nos queda? ontológicamente el hombre no es la fuente del mundo pero sólo nosotros somos capaces de describirlo a través de nuestra percepción, de nuestro cuerpo o de nuestro entendimiento, tenemos la soberana libertad para crear puentes en el mundo a través del lenguaje; en lugar de la confesión mortificante, el ejercicio del libre hablar debe empezar en el ejercicio de libre pensar y esto es más difícil de lo que se cree.

Si en el newspeak la censura no está evidenciada porque una palabra no significa su antónimo sino que sustituye en negación la desaparecida (nobueno) algo similar ocurre en la exploración del placer, recuerdo que una de las cuestiones principales que motivaron la escritura de este blog era la de saber si mis deseos y fantasías sexuales eran propios o sólo seguían un patrón ya dado: ¿podía inventarme encontrar placer en algo fuera de lo que aprendía del porno y de la literatura erótica o fuera de lo que se decía que era el placer?

Para responder eso era necesario salir de una prescripción de placer de carácter coital, salir de la coreografía clásica del porno;  era necesario, en fin, hacer toda una investigación y exploración como la que aquí estoy emprendiendo, es difícil porque somos cultura y hacemos cultura, pero un buen comienzo para la reflexión de nuestra relación erótica con el mundo empieza en la búsqueda personal de lo que nos place y nos conforma. Sólo conociendo eso podemos enunciarlo, sólo al enunciarlo podremos crear incendios.

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