Monitos “subidos de tono”, ficción y representación en cómics

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Tira del fabuloso Milo Manara

Los Lumière vs Charles Chaplin

Durante mucho tiempo el cine no se consideró como arte porque se creía que imitaba la realidad, como la fotografía. En la primera proyección de la historia, allá en 1895, los asistentes huyeron despavoridos de la sala porque creían que un tren filmado por los hermanos Lumière iba a salir de la pantalla y arrasarlos a todos. Ahora ya sabemos que el cine construye realidad, no la imita; las armas de Arnold Schwarzenegger no van a herirnos, pero esa manera de filmar la realidad creó dos formas de representarla (que no imitarla) el cine de no ficción (documental) y el cine de ficción (todo el que cuenta una historia): los Lumière por un lado y el cine de Charles Chaplin por el otro.

Sabemos en lo que evolucionó: si vemos un documental creemos que éste representa la realidad “tal y como es”, pero olvidamos que hay un punto de vista y un montaje detrás de toda cámara. Si vemos una película de ficción tomamos distancia porque sabemos que es una puesta en escena y por más que nos digan que está basado en hechos reales sabemos que hay una interpretación de los hechos. Hay como una idea de mayor “realismo” en el primero y mayor “teatralidad” en el segundo que impacta también en los modos de consumo, las salas de cine proyectan más “magia”, más historias creadas que “verdad” o “realidad”.

En la pornografía, la pregunta más interesante a mi punto de vista no es si lo que vemos representado es verdadero o falso, estilo “documental” como el amateur o “ficticio” como el producido por alguna compañía (en ese sentido, toda pornografía es verosímil). Creo que hay que atender de qué forma se representa el sexo[1]; es decir, cómo utiliza el lenguaje visual, bajo qué convenciones visuales filma y cómo está mirando la cámara[2]. Olvidamos que la pornografía no representa “sólo el sexo”, porque el sexo (la cópula) nunca es solo algo “natural” o “instintivo”  es sobre todo un acto performativo.

Totoro y Bugs Bunny

El cine de animación comparte con el cine de ficción la creación de un universo autónomo basado en un guion y en un determinado tipo de montaje pero va más allá porque prescinde de actores y de imágenes filmadas que refieran a la realidad. La animación no la reproduce, parte de ella, pero la hace estallar, incluso la subvierte; su herramienta principal no es la cámara fotográfica, son los elementos básico del cine: la imagen y el movimiento.

¿Cómo explicar entonces que una creación que sólo acaricia la realidad pueda comunicárnosla de esa forma? Porque para mí, las películas de Hayao Miyazaki, por ejemplo, me hablan de cosas más humanas que a veces no encuentro en las películas protagonizadas por humanos, hablan de esa otra realidad un tanto mágica que convive con la nuestra y que nos ayuda a valorar lo que a veces olvidamos: la naturaleza, el amor, la familia, nosotros mismos. Estamos ante una paradoja: entre menos representa la realidad -técnicamente- más nos la acerca.

La caricatura es el mejor ejemplo de cómo éste acercamiento puede ser subversivo, distorsiona las características de los individuos y a veces –por extensión- de la sociedad, con el fin de producir un efecto cómico o realizar una crítica. Nació como sátira política y con el tiempo suavizó su tratamiento (o se lo suavizaron sus detractores) hasta convertirse en un “producto infantil” (los Looney Tunes o Mickey Mouse). La distinción aún existe, pero la diferencia se halla en los temas tratados y no en la técnica; un dibujo animado ya no es sinónimo de “historias para niños”. Animaciones como “Los Simpsons” o “South Park” combinan técnica, contenido y sátira.

Pulp fiction

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“Valentina” de Guido Crepax

Este es el mismo espíritu que existe en el cómic erótico: la creación de un universo autónomo, subversión, sátira, crítica. Va más allá del cine erótico y más allá de la pornografía porque no pretende representar la realidad, los dibujos son “realistas” pero la voluptuosidad de los personajes, por ejemplo, me parece más cercana a la exageración, como en el hentai. El cómic erótico fue de la inspiración del western de los 30’s (la que aún perdura en el libro vaquero mexicano), pasó por el pulp de fabricación y distribución económica con elementos de sci-fi, hasta las “eras doradas” de los 60’s, 70’s y 80’s con ilustradores como Guido Crepax o Milo Manara, los personajes femeninos de esa época ya no son pasivos, son heroínas envueltas en un halo de perversión y surrealismo con elementos de bondage, dominación y sumisión.

Para mí, existe la misma paradoja que mencioné a propósito del cine de Miyazaki, la representación del erotismo en el cómic o en las novelas gráficas eróticas nos acerca de una manera más interesante a la realidad de la que parte. Alimenta nuestra imaginación y nuestro deseo en una forma poco convencional (perversa en “el buen sentido”) algo que a veces el porno en su búsqueda por una distribución masiva y homogénea ya no hace. De la animación mantiene la técnica y de la caricatura la denuncia, pero con características particulares dependiendo de dónde surge: del bondage de “La mujer maravilla” o los elementos de súper heroínas que vendían tan bien en la década de los 70’s y que encontraron su mercado en el cómic italiano con “Barbarella”.

A mi punto de vista, en el cómic existe una vasta tradición de historias que siempre están cuestionando nuestra construcción de la realidad, basta echar un vistazo a las historias de súper héroes como “Batman”. En ese sentido, el cómic erótico tiene la potencia de pervertir y desafiar lo normativo, no sólo en su contenido sino también en su técnica (como el cine de animación), las preguntas que debemos hacerle a todos esos “monitos subidos de tono” escapan a la moral de lo correcto, más allá de su realismo o incluso de su verosimilitud hay que dejar que esas tiras eróticas del hentai o de los libros vaqueros despierten nuestra fantasía y exploten nuestra imaginación ahí donde el porno mainstream  poco tiene ya que decirnos.


[1] Lo mismo que lo interesante en el cine de ficción y documental es saber qué nos están contando y cómo nos lo están contado.

[2] En la entrada “Cócteles y porno” comentaba sobre la pornografía para mujeres, mi propuesta es integrar a las mujeres en la manera de filmar: necesitamos mujeres camarógrafas para ver desde su punto de vista cómo miran a su compañero. Gonzo por mujeres.

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