Erotismo o pornografía

Les invito a hacer un pequeño ejercicio ¿cuál de estas dos imágenes es erótica y cuál es pornográfica?

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Fotograma de la película “El imperio de los sentidos”, 1976.
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Shunga de Katsushika Hokusai, 1835

La distinción tradicional entre una imagen erótica y una pornográfica indica que la primera “sugiere” lo que muestra mientras que la segunda “exhibe” lo que presenta. Así, una imagen erótica muestra desnudos y la pornográfica desnudos más genitales. De esta distinción también se suele relacionar la imagen erótica con lo artístico y el terreno de la amatoria; la pornográfica con lo vulgar u obsceno y el comercio sexual.

Sin embargo, esta división es relativamente moderna. La palabra pornografía proviene del griego: pórnē, “prostituta” y gráphein, “grabar, escribir, ilustrar”: ilustración de las prostitutas o de la prostitución. La etimología es griega pero nunca se usó en la Grecia antigua, surgió en el siglo XIX durante la época victoriana para catalogar y distribuir obras artísticas tanto modernas como antiguas.

Yo me pregunto ¿cómo catalogarían en ese entonces piezas como las venus paleolíticas? que son representaciones de mujeres con los genitales expuestos. Hay varias respuestas: 1) La etiqueta depende de la intención con la que está hecha la obra, esto puede ser claro con los vídeos o el cine pornográfico filmados con el fin de excitar al espectador. Una obra erótica podría buscar representar algo distinto, una alegoría o el símbolo de la belleza o la fertilidad, por ejemplo. Con las venus esto no es muy claro porque hay estudios que sugieren pudieron haber sido hechas para excitar sexualmente.

2) La etiqueta depende del que mira la obra y ésta corresponde, muchas veces, a los intereses de distribución de las piezas. Así, muchas pinturas de los siglos anteriores al XIX al ser consideradas como eróticas no mancillaban la mirada casta de los visitantes del Prado o del Louvre. La etimología de la palabra proviene del griego: ero-tika: Eros, “dios del amor” e iko: “relacionado con”; ósea “los asuntos de Eros”. “Erótico” es por tanto todo aquello que ilustra la forma en la que nos vinculamos con los otros en tanto seres sexuados al estar conscientes de nuestro deseo.

Me gustaría proponer un tercer punto que incluya los dos anteriores porque precisamente en Japón existe una distinción más sencilla que, sin embargo, deja relucir un problema bastante interesante. 3) La etiqueta depende de la intención del que la crea, del ojo del que la mira y de los contenidos que comunica. Existen imágenes Ecchi (ッチ) (que no muestran el coito) e imágenes Hentai (変態) (las que sí lo muestran) lo interesante aquí es que hentai se traduce como perversión, ósea que hay una cierta dimensión moral: si las imágenes eróticas sólo insinúan es porque en la representación explícita de la pornografía existe un claro desvío de la norma. No es casual entonces la existencia de categorías destinadas a satisfacer cualquier tipo de fantasía por más extraña que nos parezca y de ahí la mala reputación de la pornografía al representar (pero incluso, en una confusión aún mayor, a presentar) el coito de la manera más impúdica posible.

De acuerdo con lo anterior, me parece inútil cualquier distinción entre erótico o pornográfico a partir de un criterio moral. Por ejemplo el shunga de Hokusai muestra “perversiones” y genitales de manera explícita, dos características del porno ¿es pornografía?. Por su parte “El imperio de los sentidos” se inspira en varias de las ideas de George Bataille a propósito de el erotismo y su relación con la muerte a través de escenas de “sexo explícito”, es decir con genitales en pantalla ¿es erótica?.

El descrédito que tiene la pornografía hoy en día es heredera de esa moral victoriana que nos hace creer que lo perverso es un desvío a la norma que defendería una forma “natural” y “correcta” de hacer el coito. Al contrario, la pornografía tiene la potencia de ilustrar diversas formas de relacionarnos con los otros eróticamente; falta que lo haga. El problema no está en la imagen que siempre es vehículo de goce sin importar la etiqueta, el problema, dado el caso, puede estar la mirada del que observa que desde su horizonte puede juzgar como perversa o no una imagen. Un problema similar existe dentro de la llamada “literatura erótica” y la “literatura pornográfica” que sumaría cuestiones de distribución por ejemplo a la distinción entre una categoría y otra, aquí también hay una diferenciación de carácter moral: la primera le canta a la amatoria y la segunda al apetito carnal, de nosotros ya dependería imaginar desnudos o no a los protagonistas de las palabras.

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