La génesis de los “juguetes” sexuales y una apología del dildo

 

joan1923

La sexualidad humana, por lo general, ha sido tratada a partir de la prohibición y del tabú. El placer masculino se ha relegado a dos funciones: fecundación y erección (omitiendo el orgasmo) y el femenino fue descrito durante mucho tiempo como “paroxismo histérico”: que era el resultado de una extraña enfermedad (histeria[1]) en la que, para curarse, las mujeres eran “sometidas” a un tratamiento de masturbación médica que consistía en estimulaciones manuales o duchas a presión.

Visto así, las evidencias “registradas” del placer femenino (y del orgasmo) nacieron de un diagnóstico médico y del interés clínico de un masturbador cuya motivación era únicamente la de la buena salud de la paciente. La tecnología del placer (mangueras, vibradores eléctricos) con el tiempo fue sustituida por aparatos más pequeños que se comercializaron en los catálogos de las grandes tiendas de la época. Se dice que el vibrador eléctrico estuvo en las casas de las damas de principios del siglo XX mucho antes que electrodomésticos básicos como el aspirador, la cafetera o la plancha.

El auge comercial de los vibradores eléctricos coincidió con la fabricación de prótesis médicas a finales de la Primera Guerra Mundial, de tal suerte que en los “juguetes  eróticos” [2] intervinieron las funciones de una máquina que primero operó para estimular los genitales femeninos (el vibrador cura-histeria) y las de una especie de sustituto (prótesis) de un miembro amputado o faltante, el falo en este caso.

En el período de entreguerras tanto los vibradores eléctricos (muchos sin forma fálica) como los dildos (prótesis fálicas) fueron retirados del mercado por ser considerados inmorales. No sería hasta la época de los 60’s, durante la revolución sexual y con el auge del movimiento feminista que volvieron a popularizarse pero en un nicho de mercado muy específico que involucraba sex shops, movimientos LGTB y la escena BDSM, aquí también surgieron las preguntas teóricas acerca de la función del dildo “¿es un objeto o la imitación de un órgano? ¿debemos considerar el dildo como una imitación del pene? ¿es síntoma de una construcción falocéntrica del sexo? ¿si una pareja de lesbianas utiliza un dildo quiere decir que imitan el placer heterosexual?, etc.”

Hoy en día la vigencia de estas preguntas indica un error que Paul Beatriz Preciado en su libro “El manifiesto contra-sexual” señala y es que el dildo se identifica con el falo y no con el pene. El falo es la representación simbólica del pene erecto y como tal su interpretación ha dependido de las convenciones dadas en la cultura: desde la fertilidad en numerosas civilizaciones hasta ser el responsable de la construcción del orden de lo simbólico, lo imaginario y lo real en la teoría psicoanalítica. De tal suerte que toda construcción que refiera a un centro de placer puede ser falo. Preciado dice “nada es centro, todo es orificio”.

Por tanto, el dildo no reemplaza ni imita al pene. Dildo es todo objeto que pueda producir placer, tenga o no tenga forma fálica. El dildo “desplaza el supuesto centro orgánico de producción sexual hacia un lugar externo al cuerpo” según Preciado. Por eso, al ser usado por una pareja de lesbianas (o gays), el dildo no está sustituyendo al pene, está dando placer por sí mismo, porque es una tecnología independiente de él. Es más, haré esta hipótesis en forma de silogismo para hacer una apología del dildo:

  1. si el dildo es el falo
  2. pero si el falo no es el pene, entonces
  3. dildo puede ser todo objeto (de cualquier forma) que dé placer.

Por tanto, rindamos culto a dildos en forma de conejo, de mariposa, de cuernos de unicornio o de lo que sea. Hagamos dildo a los vibradores también y a todos los materiales que sirvan al placer: látigos, esposas, bolas chinas, arneses, materiales de látex, máscaras, plumas, velas, lubricantes. Pero también hagamos dildo a todos los productos que no están en los catálogos de las sex shops y que podemos encontrar en nuestro baño, en nuestro armario o en nuestra cocina (porque vivimos con el estigma de usar algún producto que aumente nuestro placer porque todo somos falo-creyentes y falo-adoradores) el dildo destrona al falo y por tanto al coito como modelo de placer, trae de vuelta a la masturbación como forma de autoconocimiento e invita a explorar otros orificios. Larga vida al dildo.


[1] La teoría psiconalítica, por tanto, es hija de la histeria femenina. La psiquiatra y psicoanalista Sabina Spielrein fue tratada por histeria y a raíz de esto desarrolló un concepto que Freud llamó después pulsión de muerte.

[2] Preciado propone llamarlos así porque dice que la palabra “juguete” denota una especie de simulación de algo que no merece ser tomado muy enserio.

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