Montar a caballo y masturbarse

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En estos días tuve una especie de “crisis temática”, de repente se me ocurrió que ya había escrito todo lo que tenía pensado cuando abrí este blog, lo que es cierto en parte, porque lo que he expuesto aquí (sobre todo mis reflexiones sobre el deseo y la fantasía sexual) son temas que me habían rondado hace apenas un par de años y que en el ejercicio de escritura quedaron mejor definidos y “concluidos” a mi parecer. Pero al recordar más atrás en el tiempo, casi cuando empezó mi curiosidad por el sexo, descubrí muchísimas cosas más, entre ellas la masturbación.

A igual muchos de ustedes (supongo), también yo tuve una educación católica. Pese a que en mi familia nunca fuimos muy apegados a los rituales religiosos, en mi colegio la masturbación estaba mal vista; como yo trasladaba lo aprendido en la escuela a casa, me avergonzaba hablar sobre temas relacionados con sexualidad, incluso sentía una especie de aversión cuando escuchaba el tema. Los libros (más que el porno) me ayudaron a sanar esa molestia, porque en las novelas románticas siempre aparecía una escena “íntima” descrita como el culmen de la pasión romántica de los protagonistas. Por fortuna, en esa época también descubrí libros sobre sexología y programas de televisión con sexólogas que resolvían todo tipo de dudas. Mi interés fue modelándose poco a poco, pero ya desde entonces me preguntaba por el objetivo de la masturbación ¿era una especie de guía previa para prepararme para el gran momento del coito? ¿o era sólo una forma de obtener placer físico? porque el placer también lo obtenía de la música, de la comida, de los olores…

La prohibición religiosa de la masturbación tiene su origen en el personaje bíblico de Onán. De acuerdo con la interpretación judía, cada vez que Onán mantenía relaciones sexuales con su cuñada viuda, derramaba su “semilla” en la tierra, acción que no agradaba a Dios y por la que fue condenado a morir. La iglesia interpreta como pecado el desperdicio de semen, ya sea en la masturbación o en el coitus interruptus. Por tanto, la masturbación (onanismo) estuvo condenada durante varios siglos hasta que  la medicina la convirtió en una patología, desde el XVII se crearon aparatos mecánicos como cinturones de castidad o anillos peneanos, mismos que con el tiempo se volvieron eléctricos (ahora, en un reverso afortunado, existen versiones que funcionan como estimuladores genitales).

Desde el renacimiento y hasta inicios del siglo XIX, toda persona que se diera amor por mano propia era considerada como agente “infeccioso” y “pervertidor”, de parte de la medicina se creía que al masturbarse se corría mayor riesgo de padecer enfermedades como epilepsia o locura, pero también se creía que era síntoma de una especie de “indiferencia” o reacción frígida por parte de las mujeres ante ante el coito heterosexual. En este razonamiento se pensaba que la masturbación podía ser síntoma de tendencias homosexuales.

Resulta curiosa la forma en la que tanto el prejuicio médico como la prohibición religiosa se fusionaron con la moral de finales del siglo XIX. A las mujeres que se les diagnosticaba histeria se les aplicaba un tratamiento masturbatorio; sin embargo, las que no tenían el placer de poder acudir a las visitas médicas podían encontrar satisfacción a través de otro tipo de frotamientos, como montar a caballo[1], actividad que no tenía nada reprochable moralmente. En la sociedad que presenció el surgimiento del psicoanálisis freudiano el “impulso” masturbatorio era visto como un instinto primitivo (y animal) que tenía que ser domesticado a prueba de severos regímenes de autocontrol a fin de hacer prevalecer la integridad humana.

Esos son los antecedentes de la educación que muchos tuvimos ya fuera en la escuela o en casa, no está por demás recordar que algunas de las consecuencias de estas ideas es que obstaculizan nuestra forma de involucrarnos en pareja (o en trío o lo que prefiera). Porque si se argumenta que hay más apertura del tema (sobre todo entre las chicas) dicha “apertura” se parece a lo que mencioné anteriormente: la masturbación resulta una especie de una guía de preparación pre-coital. La masturbación tiene muy poco que ver con el coito y todo que ver con que los genitales no son la única zona de placer, todo el cuerpo es susceptible de ser gozado.

Recuerdo muy bien los consejos de masturbación que la sexóloga daba a las chicas en el programa de TV a media noche, me parece que la masturbación para nosotras siempre sigue el mismo camino: se nos recomienda empezar lento recorriendo con la yema de los dedos todo el cuerpo, poniendo atención a los puntos de mayor placer: cuello, pecho, abdomen para eventualmente llegar a estimular labios exteriores y clítoris (pocas veces se menciona acompañar con algún tipo de penetración). Sin embargo, no recuerdo ninguna guía de masturbación para los varones, creo (ustedes me dirán si me equivoco) que todas las técnicas se transmiten en una suerte de vox populi: un hand job con un ritmo totalmente distinto al que se mantiene durante el coito.

Entre más reflexiono sobre el tema, más cabos sueltos encuentro, porque incluso la sexología promueve “el juego masturbatorio” como un preliminar al coito, sobre todo después de diagnósticos de eyaculación precoz, retardada o incluso anorgasmia. Esto porque muchas consultas sexológicas surgen de una preocupación por no cumplir con estándares numéricos instituidos por la normativa del coito basados en tamaño, duración o frecuencia. Reconozco que es muy difícil salir de esta normativa sobre todo porque una de las formas que tenemos para conocer nuestro desempeño es a través de la comparación de datos, pero la verdad es que el placer no entiende de estadísticas ni de respuestas programadas, y nuestras propias experiencias son prueba de ello.

Termino con un par de consejos: a los varones les sugiero tomar las guías de masturbación de las mujeres para estimular todo el cuerpo, no sólo los genitales. A las mujeres les propongo considerar la masturbación no como una preparación para el coito sino como una actividad lúdica y cotidiana (tal y como la practican los varones), tal vez en el camino descubramos nuevas técnicas para montar a caballo.


[1] Desde la Edad Media hasta 1930 las mujeres montaron en posición perpendicular al caballo, era inmoral sentarse con las piernas a horcajadas.

2 comentarios sobre “Montar a caballo y masturbarse

  1. Fue una muy grata sorpresa descubrir este blog, y su contenido. No sólo porque los temas tratados me resultan interesantes y provocativos, sino además, por el tratamiento que se les da. Percibo una expresión levemente lúdica pero elegante de expresar las ideas, con un real trabajo de expresar ideas y experiencias de una manera clara y ordenada. Hay contenido, trabajo y preparación de los textos, lo que aprecio mucho. Me encantan las personas, y en particular, las mujeres, dueñas del control sobre su sexualidad y con cabal conocimiento de sus gustos y sus cuerpos. Mil gracias. Soy de aquí en más tu más ferviente lector

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    1. Hey! muchísimas gracias por tu comentario, aprecio lo que señalas respecto al trabajo que hay detrás de las publicaciones, intento ser muy cuidadosa con la información y la manera de contar mis experiencias por lo que me alegra mucho que se perciba eso en la lectura, gracias a ti por pasar por aquí.
      Un abrazo!

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