Cómo ser sexy en clases de natación, apuntes sobre la identidad y el cuerpo

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Hace un par de meses retomé las clases de natación que en algún momento tuve durante la Universidad, ya en aquella época me había percatado de una situación curiosa: la desnudez en los baños de mujeres. Para mí siempre era un lío salir con un par de toallas e intentar cambiarme en los baños (no había vestidores) pero aprendí a ducharme y a vestirme rápido haciendo malabares. Recuerdo alguna vez ver a una chica que prescindió del baño y se vistió sin tanto lío con las toallas como si estuviera sola, pensé en ese entonces que no tenía pudor porque no le importaba la mirada de las demás mujeres. Pero recientemente en el baño del gimnasio al que ahora voy, vi a una mujer de mayor edad mirar su cuerpo y voltear desconfiada a ver a su alrededor, ahí reflexioné que tal vez no se trataba de pudor lo que le permitía a una estar desnuda y a la otra sentirse incómoda por su desnudez, sino de cómo percibimos nuestros cuerpos.

El cuerpo nos conforma, pero parece que pocas veces somos conscientes de él desde nosotros mismos, necesitamos del otro para reconocernos. En las mujeres esto es aún más evidente porque históricamente la relación que hemos tenido con nuestro cuerpo ha estado regulada por un punto de vista masculino, el adjetivo “sexy” es un ejemplo de ello, el elogio de a las voluptuosas curvas y sutiles actitudes femeninas en la Historia del Arte y en Hollywood lo demuestra. Esta misma caracterización perjudica también a los hombres, a ellos se los moldea a través de estereotipos tan diversos como el del caballero o el bandido, en ambos es común una especie de dimensión mitológica: en la mujer lo bello es la virtud, en el hombre su heroísmo.

Pero el conocimiento de nuestro cuerpo no busca tanto saber qué tan atractivos podemos ser para el otro como darnos cuenta que es porque tenemos un cuerpo que podemos conocer el mundo y comunicarnos con él (y con los otros). Esta idea la señaló en su momento el filósofo Maurice Merleau-Ponty, para él nuestro cuerpo es el horizonte de nuestro conocimiento, en “El mundo de la percepción” escribe: “los otros hombres jamás son para mí puro espíritu: sólo los conozco a través de sus miradas, sus gestos, sus palabras, en resumen, a través de su cuerpo”. Para los fines de este blog (siempre interesado por nuestra relación erótica con el mundo) esto puede traducirse como que nuestra consciencia del cuerpo puede hacernos considerar al otro no a partir de atributos femeninos o masculinos y los estereotipos que de este binomio se construyen, sino como personas con cuerpo susceptibles a experimentar el gozo en múltiples formas y, de última, a constituirnos “sexys” a partir de la construcción plástica de nuestra identidad.

Me explico a más detalle: si somos sexys es porque lo somos para el otro, el deseo siempre está en la mirada del otro, se encuentra en relación intersubjetiva diría Merleau-Ponty. El deseo no puede brotar de la nada y fluir en nosotros como si fuéramos narcisos enfermos ante el espejo, necesitamos del otro para conocernos y relacionarnos, pero el otro no nos encasilla ni nos ata a un estereotipo fijo: las mujeres no somos sexys porque usemos un bikini, nos asumimos sexys porque simplemente nos agrada la sensación que produce el poliéster en la piel, por ejemplo. Como podría intuirse, el hacerse consciente de nuestro cuerpo implica grandes responsabilidades: por una parte, deshacernos de las ideas que otros tienen sobre lo que somos, pero al mismo tiempo conocernos lo suficiente como para saber que necesitamos del otro en este mismo conocimiento.

Una de las más sabrosas posibilidades de considerarnos personas con cuerpo, es poder vislumbrar el camino a nuestro autoconocimiento a partir del placer, el placer puede servir como señal para saber qué nos agrada y qué no y encaminar el flujo del deseo. El placer también está modelando la construcción de nuestra identidad, en él circula la idea de que somos un proyecto, ósea nunca estamos terminados ni definidos. En este sentido, todas las miradas son bienvenidas.

Un comentario sobre “Cómo ser sexy en clases de natación, apuntes sobre la identidad y el cuerpo

  1. Es extraño porque esto ocurre en las mujeres solamente. La mayoría de los los hombres o somos gordos o somos flacos. Es la mayor preocupación y cómo tu señalas al principio de esto, creo que solo la apariencia física va por la mujer, ya que en un vestidor los hombres no se preocupan del físico entre sus pares, más bien, del tamaño del otro.

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