En busca del punto perdido

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Sophia Loren para “La mujer del río”, 1954.

Recuerdo cómo surgió el tema del squirting entre mis amigas y yo, llegó de repente como una especie de leyenda sobre mujeres capaces de producir ríos de placer durante el coito. A la leyenda le siguió la evidencia de vídeos pornográficos que comprobaban la verosimilitud de lo que habíamos escuchado. Yo moría de curiosidad, creíamos que era el culmen del placer sexual, teníamos los vídeos y algunos testimonios vox populi como evidencia, pero no sabíamos cuál era el proceso para llegar ahí. Lo que nos quedaba era estar expectantes, a la espera a que la virgen de los ríos nos concediera el milagro.

El siquirt (también identificado como eyaculación femenina) es un líquido alcalino segregado por las glándulas de Skene y producido durante la excitación. Aún hay bastante controversia en torno a qué zona es la estimulada para provocar la eyaculación y si el líquido contiene o no orina, uno de los involucrados en la polémica es el punto G., inicial que fue acuñada en 1981​ en honor al alemán Ernst Gräfenberg que lo había descubierto en los años 40 por casualidad mientras estudiaba la uretra femenina. El punto G. teóricamente se halla dentro de la vagina, en la pared frontal, a una distancia de entre 3 y 5 cm desde su abertura en la vulva y digo “teóricamente” porque al parecer no todas las mujeres lo tienen.

La historia del punto G. se parece a la historia de las langostas, que sólo por un acertado slogan de publicidad: “prueba el pollo del mar” empezó a incrementar su popularidad poco a poco. Pasaron de ser consideradas temibles enormes monstruos marinos hasta convertirse en el sinónimo de la delicia y sofisticación que son hoy en día. De la misma forma, durante la década de los 80’s el punto G. vivió un boom de popularidad mediático que no ha decrecido, pasó de ser una mera reacción fisiológica a ser un súper orgasmo líquido (más parecido al masculino). Esta misma publicidad ha dado paso a la especulación sobre la existencia de otros puntos y zonas: la zona A, K y U, todos conformando una constelación de placer por descubrir en el interior de nuestra misteriosa y poco explorada vagina.

El problema con la intervención mediática en este tema es que presenta el punto G. y sus amigos como si fuera el último y mejor descubrimiento respecto al placer sexual, creando falsas expectativas entre las mujeres. En cierta forma nos hace pensar que si no tenemos un orgasmo vaginal o una eyaculación es porque no estamos tocando bien esos puntos (y nuestra pareja tampoco) con lo que también se preserva un modelo copulativo.

Lo que importa no es si existe o no,  sino las confusiones que se han desprendido a partir de la creencia de que el placer femenino responde correctamente sólo si se aprietan los botones indicados, obviando que todo orgasmo va más allá de lo genital. Y creo que en este sentido no está de más recordar que el squirt no es sinónimo de un orgasmo, es una respuesta a la estimulación de una zona que, según estudios recientes, forma parte del clítoris.

Nuestra zona genital tiene cerca de 8 mil terminaciones nerviosas (el doble que los hombres) recientemente se descubrió que el clítoris es más grande de lo que se consideraba en el pasado, posee dos “brazos” que no se habían detectado y que se extienden aproximadamente nueve centímetros hacia el interior del cuerpo y hacia la parte superior de la ingle. Este descubrimiento destrona el modelo copulativo como el único capaz de brindar un orgasmo glorioso, y acaba de una vez con el mito de los dos tipos de orgasmos: vaginales o clitorianos (la publicidad se olvidó de los anales). Si una penetración vaginal provoca un orgasmo es porque el pene (o lo que se esté introduciendo) puede encontrarse a su paso con alguna partecita del clítoris que hasta hace poco no se había identificado.

La historia del punto G. y del squirting prueban cómo la sexualidad femenina aún se encuentra sometida a un modelo falocéntrico guiado muchas veces por modelos ajenos a nosotras, como el publicitario, que es el mismo que dicen que las langostas son afrodisiacas. En nosotros está el conocimiento a través de la exploración y degustación, la constelación es todo el cuerpo, nos queda descubrir las figuras que nos conforman.

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