El porno y la realidad virtual

A C.

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Fotograma de la película “Total Recall”, 1990.

Total Recall

Me gusta la ciencia ficción porque se parece a las drogas, ambas ponen entre paréntesis lo que entendemos por realidad, induciéndonos a cuestionarla. Una de mis películas favoritas del género es “Total Recall”, basada en una historia de Philip K. Dick al que le debemos muchas de las ideas más psicodélicas respecto al funcionamiento de la realidad. En la peli, Arnold Schwarzenegger sueña constantemente con una aventura policial en Marte; obsesionado con esa idea, busca una agencia de recuerdos (que vende el recuerdo de unas vacaciones perfectas, por ejemplo) para detener el sueño de una vez, después hay una confusión entre sus sueños, la memoria inducida por la agencia y su vida cotidiana. Lo que tenía hasta ese momento parece ser un montaje, porque realmente es un agente encubierto con una misión pendiente en el planeta rojo y aquí se desarrolla toda la acción.

Pero ¿qué es la realidad? René Descartes, el fundador de la filosofía moderna, ubica en el centro de la cuestión al yo que piensa y duda: cogito, ergo sum y lo dota de una corporalidad evidente, pues la duda inicia con nuestras percepciones físicas. Estas ideas son retomadas por la fenomenología y el psicoanálisis para decir que lo importante es nuestra percepción de lo real (lo que está “allá afuera”) misma que se consolida como vivencia para construir nuestra idea de realidad.

Otras líneas filosóficas alimentadas por la física cuántica proponen que no existe “la verdadera realidad”, lo que decimos de lo real es el lenguaje, por ejemplo; todos los sistemas que nos inventamos para describir algo, comunicarlo y hablar de ello. Nuestros sentidos, aliados con nuestro cerebro, crean una ilusión de lo que creemos que es la realidad, todo lo existente lo es porque está intervenido por la percepción, para probarlo existe ese famoso experimento de la doble rendija, donde las partículas se comportan como partículas y ondas a la vez. Si seguimos este hilo argumental (más psicodelia, más ciencia ficción) podemos muy bien llegar a la conclusión de que entonces nuestra realidad es una ilusión, un programa, o un sueño colectivo del que somos avatares, etc., pero lo que me interesa ahora es el porno y la realidad virtual…

Matrix

En la realidad virtual hay una inmersión de nuestros sentidos táctiles y eso es lo que nos da la sensación “de que es real”. El porno es uno de los mercados más atractivos para experimentar porque a mi gusto tiene el plus de introducir la fantasía en la virtualidad: ahí podemos experimentar lo que nos gustaría vivir de este lado. Es curioso que me esté refiriendo a dos lados (virtual, real) porque yo creo que desde hace bastante tiempo ese límite entre uno y otro está cada vez más desdibujado, y no sólo por la aparición de la realidad virtual.

Iré a un ejemplo más sencillo ahora: cuando me compraron mi primera computadora, a finales de la década de los 90’s, mamá me reprochaba que pasaba demasiado tiempo ahí en lugar de salir a jugar. En ese entonces yo creía que me estaba perdiendo de experiencias “reales”; pero, por otro lado, en internet encontraba otras que también me provocaban las mismas emociones que habría podido encontrar en la calle y no era la única que estaba viviendo eso, lo mismo les pasaba a otras amigas y amigos que hacían contactos al otro lado del mundo a través de foros o salas de chat. Si en ese entonces existía la idea de que lo virtual nunca sustituiría las formas de convivencia “reales” ahora eso con las redes sociales no es muy claro ya.

Con el funcionamiento de las redes, pensar en una separación tajante entre realidad o virtualidad resaltando una sobre la otra, es un argumento demasiado anacrónico. Es el mismo que maneja la película “Ready player one” y algunos críticos actuales, la sensación corporal no hace más real una situación (sería una vuelta a una especie de empirismo ingenuo). Para mí, experiencias tan inmateriales como los sueños o los recuerdos son parte de ese mismo tejido de realidad, me provocan las mismas emociones que el resto de mis experiencias.

En ese sentido, lo que aportaría la RV al porno no sería una sustitución de la experiencia “real”, sino toda una nueva dimensión corporal a una experiencia virtual y con eso la  posibilidad de experimentar virtualmente cosas que no están al alcance “en la realidad” o que aún no imaginamos. Algo así como trasladar la fantasía sexual al deseo sexual, justo como en un sueño, con la diferencia de que en la RV podríamos controlarlo mejor y recordarlo más claramente.

Memento

En algún lugar escuché que las “Meditaciones metafísicas” de Descartes eran como un libro policíaco. Descartes, al igual que un detective, iba en busca de una certeza única sobre la cuál construir un sistema de pensamiento, lo que encontró al final fue el propio método de la duda. “Total Recall” también es, a su modo, una película de acción e intriga en donde al final no tenemos muy claro si lo que sucedió era real o una memoria falsa inducida y eso tambalea la certeza de la realidad, nos hace dudar. Creo que lo mismo sucede en los sueños, a mí me ha sucedido varias veces tener sensaciones fuertes en el sueño y recordarlas al despertar, pero con el tiempo (como con la mayoría de mis experiencias), se van debilitando hasta no ser más que recuerdos.

Por eso quiero aventurar una idea un tanto arriesgada: a mi gusto, lo que nos queda de todo tipo de experiencias, sean virtuales o reales, no son las sensaciones o emociones que nos producen en el momento, sino el recuerdo que tenemos de ellas. Es en el recuerdo, cuando ya parecen como fantasmitas de lo que alguna vez vivimos, donde podemos usarlas como motivos, reflexionar sobre ellas, hacerlas arte e incluso moldearlas a nuestro capricho. Esas memorias son, a su vez, los engranes que articulan toda realidad y toda virtualidad que experimentamos, con ellas interpretamos nuestro día a día y seguimos creando un tejido de experiencias único. Más allá de considerar algo real por el efecto físico que nos da se abre la discusión a pensar cómo podemos transformar ese material de conocimiento que nos da lo virtual y lo real. En ese sentido, jugar con el porno en la RV podría hacernos conocer más a profundidad nuestros deseos y fantasías sexuales.

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