Los lugares y nosotros

Para D.  

Annex - Brando, Marlon (A Streetcar Named Desire)_08 (1)
Fotograma de la película “Un tranvía llamado deseo”, 1948.

Hay una obra de teatro de Tennessee Williams: “Un tranvía llamado deseo”, yo tengo muy presente la versión cinematográfica de 1948 porque recuerdo el sudor de los protagonistas (la espalda con sudor de Marlon Brando en específico). Todo el conflicto sucedía en medio del calor de Nueva Orleáns y esos detalles físicos: el calor, el sudor, la humedad, me parecían equivalentes con la tensión sexual que inunda la obra: el encuentro entre “lo civilizado” representado por el personaje de Blanche Dubois (Vivien Leigh) y la personalidad sexual y casi animal de Stanley Kowaslki (Marlon Brando).

El clima, las estaciones y los lugares nos ayudan a ilustrar nuestras emociones; así tenemos la metáfora de la primavera para hablar de los encantos del romance o de la juventud; y su contrario, el otoño, para la edad adulta. Decimos que el calor nos hace más cachondos, pero también durante el frío queremos sentir el cuerpo cálido del otro, hablamos de la oscuridad de ciertos rincones para explorar el placer sensual y de manera más amplia la noche es la fiesta, el placer, los excesos.

Yo estoy segura que los lugares también nos definen, siempre me había parecido una generalización un tanto molesta esa idea de que dependiendo del país de procedencia las personas eran de cierta manera: “más cálidos en Colombia, más fríos en Alemania”, por ejemplo. Y, sin embargo, durante el viaje una de las cosas que más me sorprendieron era ver rasgos físicos peculiares en diversos países, como el color de la piel o del cabello y obviamente los acentos, rasgos que a mi punto de vista también se corresponden con la comida (a veces picante, o no) o con los ritmos de la música (para mí la cumbia es el gran punto en común que tenemos como latinoamericanos).

Y me parece increíble cómo un lugar ajeno puede parecernos como un hogar, incluso más que el país propio, no creo que sea a partir de encontrar rasgos en común como reconocer la misma música o los mismos sabores, sino más bien entender que uno mismo se construye de una manera “muy universal”, somos toda la influencia que hemos tenido de todos los lugares, aunque no hayamos estado ahí: la comida japonesa, el rock inglés, etc.  Para mí el reconocer un hogar en un lugar diferente es una especie de afirmación de las cosas con las que estamos de acuerdo a partir de nuestra forma de ver la vida.

Y todo esto es, una vez más, una relación erótica con el mundo, hablamos del calor en el sentido literal y metafórico porque hacemos nuestro lo que está allá fuera, el calor que sentimos por dentro y que nos enciende lo compartimos cuando alguien más nos calienta, pero también lo sentimos en una tarde de verano cuando todo puede ser sudor, tensión sexual y locura.

Anuncios

2 comentarios sobre “Los lugares y nosotros

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s