Shibari

Este artículo es segunda parte de “El bdsm y la mujer maravilla”, da click por si no lo leíste. 

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Fotografía de Araki Nobuyoshi

A mi punto de vista, uno de los grandes aportes teóricos del BDSM es la idea de transgresión; misma que, en la práctica, puede devenir en una disciplina de origen oriental muy interesante llamada shibari. Si en el cristianismo la flagelación del cuerpo expía el pecado, gozar con el martirio (un tabú) incrementa el placer justo porque se viola la norma. La puesta en escena del deseo de ser sometido o someter es la base del erotismo sádico, Sade representa a través de su obra (sobre todo en “Los 120 días de Sodoma”, “Justine” o “Juliette”) “perversiones” sexuales en la que se transgrede la noción de poder.

Pero en el shibari el tabú se convierte en ritual y el erotismo sádico en una especie de erotismo místico. El escritor francés Georges Bataille fue un gran estudioso de la obra de Sade, pero se alejó de él en el sentido que le da a la tortura del cuerpo. Si en Sade se trata de un goce a partir de la flagelación del cuerpo del otro, en Bataille (en “Las lágrimas de Eros”) hay una pérdida de identidad: yo ya no soy yo en tanto sujeto, ni tú eres mi objeto de placer; nos fundimos en el placer que nos trasciende, se es uno con el todo. El ritual es el otro polo de la puesta en escena, porque en él no existe la mediación de la representación, es una experiencia inmediata. Así, en el shibari lo más importante es la relación que se establece entre los cuerpos a través de la cuerda, en la entrega del atado y la habilidad del que ata, no tanto el juego de rol heredero de la tradición sádica o masoquista y la dimensión de placer psicológico que éste implica. El shibari está más cerca de Bataille en su tríada de placer-orgasmo-muerte.

La palabra shibari significa atadura, la disciplina se originó en Japón alrededor del siglo XV como una técnica de tortura de prisioneros, consiste en realizar ataduras con cuerdas de yute en puntos clave del cuerpo. Lo que en un principio sirvió para inmovilizar y causar dolor actualmente funciona para explorar el placer, a la par de la inmovilización también puede suspenderse en el aire el cuerpo atado. El shibari tiene elementos muy interesantes que dan cuenta de la cultura y de la erótica japonesa como los rituales, adaptados a partir de varias prácticas cotidianas (la ceremonia del té o los arreglos florales) o la influencia del sintoísmo: el shimenawa por ejemplo, son “cuerdas enrolladas” alrededor de lugares que se consideran sagrados.

En cuanto a la parte erótica, quiero comentarla a partir de una película de los 60’s que se llama “La bestia ciega”. El argumento es muy sencillo: un escultor ciego que busca realizar la obra de arte perfecta que represente la belleza del cuerpo femenino, secuestra a una modelo con la que ha estado obsesionado para que pose para él, tras varias situaciones de conflicto ella accede, y al mismo tiempo desarrollan una relación en la que se flagelan mutuamente.

En el erotismo ritual de Bataille el cuerpo (la piel en concreto) es sólo una superficie, por eso se busca perforarla, magullarla, hacerla sangrar. El objetivo es ir más allá, a una especie de transgresión total, liquidar el cuerpo y quedarse con el esqueleto que simbólicamente representa esa continuidad perdida que lamenta Bataille en el inicio de “El erotismo” (por eso el orgasmo es la muerte). A mi punto de vista, la película representa el encuentro del placer a través del dolor por el dolor mismo, yo creo que en el shibari y en las prácticas orientales “no vainilla” esto se experimenta a través del conocimiento del cuerpo y de la exploración de las reacciones (no sólo a nivel físico) producidas al cruzar nuestro límite de dolor.

No es casual que el entrenamiento en el shibari implique conocer puntos claves del cuerpo que puedan producir placer o dolor, en este sentido se parece a otras disciplinas orientales en las que por medio de un estímulo corporal se da una reacción que integra también una parte energética e incluso un estado meditativo: el yoga o incluso algunas técnicas de sanación como la acupuntura o ciertos tipos de masajes son buenos ejemplos. A mi punto de vista, el shibari ayuda a entender cómo podemos abandonarnos a las sensaciones físicas para tener más consciencia de nosotros a través de una práctica que aluda más a las respuestas del cuerpo a través del camino del dolor.
Me gustaría que estas palabras fueran una invitación a probar prácticas no vainilla que ayuden a expandir nuestras sensaciones corporales, al fin y al cabo somos cuerpo.

 

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