A propósito de “Las memorias” de Casanova, el tiempo de la fantasía o cómo excitarse en el recuerdo

A mi amiga M. que un día soñó que estaba en el Barroco.

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Fotograma de la película “Joven y bella”, en ella hay una escena donde la protagonista, interpretada por Marine Vatch declara que lo que más gozaba del placer sexual era recordarlo.
  1. En busca del objeto de deseo

La interpretación más conocida que suele hacerse de la obra de Casanova y de sus herederos de ficción, Don Juan (personaje tratado por José Zorrilla y Søren Kierkegaard) o Don Giovanni[1] (retratado en la ópera de Mozart) es la del seductor empedernido que va de aventura en aventura, mudando su objeto de deseo, hasta que encuentra la redención a través del amor (Doña Inés, Cordelia, Donna Anna). Para Kierkegaard, el seductor ilustra el estadio estético de la vida, en el que sólo importa el placer por el placer mismo. “Un Don Juan seduce a las muchachas y después las abandona; pero su placer no está en abandonarlas, sino en seducirlas. No puede, pues decirse que esto sea crueldad en absoluto”, escribe el filósofo. El estado ético y el estado religioso trascienden al estético, que es el que está representado por Don Juan, lo común en las primeras es la consideración de la figura del otro de la que carece el último.

La clave en estos estadios como formas de vida está en entender qué es lo que se desea, no hay crueldad en Don Juan porque el objeto de deseo no es la mujer seducida, es la seducción misma. El conocimiento adquirido a través del amor señala el camino al hombre religioso que encuentra en Dios el amor infinito, algo así como el último escalón del deseo o lo que está oculto en la falta lacaniana. De Casanova no se sabe que fuera un hombre religioso, pero su biografía me sirve como pretexto para hablar del tiempo en la fantasía sexual, de la memoria y de una característica de lo humano.

  1. Melancolía

Me gusta la imagen del Casanova viejo recordando sus numerosas conquistas y sus aventuras sexuales en Venecia: “¡Momentos felices que ya no espero, pero cuyos preciados recuerdos sólo la muerte me puede arrebatar! Creo que nunca me había desnudado tan deprisa. Abrí la puerta y me lancé en brazos de mi Lucrezia…” escribe en “Historia de mi vida”, Casanova nos recuerda el poder de evocación en las imágenes y en las palabras que nos transportan al tiempo añorado, podemos experimentar estos viajes en nuestro día a día a través de las canciones, de los sabores, o de olores. La obra del escritor francés Marcel Proust está escrita a partir de ésta técnica mnemotécnica.

Pero “el memorioso” puede tener un estado anímico frágil precisamente por esto. Del latín tardío melancholĭa que significa “atrabilis”, hace referencia a los humores del cuerpo; la melancolía tiene manifestaciones físicas, es somática, simbólica y alegórica. Difiere de la nostalgia (del griego nóstos: “regreso” y “algia”) que hace referencia al estado en el que según la RAE uno recuerda una dicha perdida. El filósofo alemán Walter Benjamin en su obra “El origen del drama barroco alemán” escribe a propósito de un grabado de Alberto Durero: “el estar sumido en una profunda meditación es lo primero que caracteriza a quien sufre de luto […] de ahí que en la Melancolía yazcan en el suelo, sin usar, los utensilios de la vida cotidiana como objetos de rumiación mental”.

  1. El tiempo recobrado  (o “nadie es serio a los 17 años”)

De esta forma, el pasado alimentado por la nostalgia se asemeja a un lugar o a un tiempo añorado: la infancia como el paraíso perdido. El presente, como el barroco, debe valerse del sentimiento de la melancolía y fungir como antítesis para construirse un nuevo modelo ideológico (en oposición al renacimiento que se guiaba por la belleza clásica) que funcione no ya como paraíso perdido, pero sí como hogar.

Para Casanova (y demás autores de autobiografías eróticas) el motor del recuerdo permite, por un lado, evocar ese paraíso perdido en un ejercicio de memoria que podríamos considerar nostálgico; pero también, a través de la palabra, excitarse en el momento presente. También la fantasía sexual tiene esa doble característica: es retrospectiva y prospectiva (como el deseo). Hacia atrás puede idealizar nuestras hazañas; y hacia adelante construye situaciones increíbles, somos como súper héroes sexuales capaces de realizar cualquier propósito con el incentivo necesario del deseo.

  1. Memoria

Contrario a algunas ideas de oriente, sobre todo del budismo zen, hay una condición trágica inherente a lo humano y es la imposibilidad de vivir en el aquí y ahora. También del lado de occidente existe una puesta entre paréntesis para suspender el discurrir del tiempo y ubicarnos en el presente (la epojé griega). Sin embargo, no podemos escaparnos de la memoria, ella es el motor que alimenta también nuestra imaginación.

Deseamos, recordamos, anhelamos y de cierta forma, ahí también radica el origen de nuestra desdicha. Nuestra propia percepción del tiempo es la que nos tiende en esa trampa, pero el barroco nos recuerda cómo la melancolía ayuda a continuar la historia a partir de la ruina. Por su parte, la autobiografía sexual ilustra el poder evocativo de las palabras. Uno puede proyectarse superlativamente hacia el futuro, excitarse en el presente con el recuerdo o construirse un pasado como una historia contada para sí mismo en términos heroicos, perfectos y bellos porque finalmente cada uno es su propio autor.

 

 

[1] Don Juan es la versión femenina de la femme fatale, por ejemplo, Violeta en “La Traviata. Al igual que el seductor, Violeta, una cortesana, encuentra la redención al final de su vida a través del amor redentor que le ofrece Armando.

3 comentarios sobre “A propósito de “Las memorias” de Casanova, el tiempo de la fantasía o cómo excitarse en el recuerdo

  1. No obstante que hables de sexo, es un discurso sumamente estético y me parece que haces al lector llegar a ligar de manera sublime ambas cosas. Arte y sensualidad mediante una propuesta escrita que más allá de la desinhibición presenta la promulgación de una sexualidad pensante, paseante y seductora de si misma. Y aunque la intención de la palabra ya esté expuesta es grato regocijarnos en un discurso que nos toma de las partes sensibles del pensamiento para llevarnos al placer del ojo carne en el imaginario singular y en el que atraves de imágenes con historia nos conduces.

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  2. La suma de figuras de que hablas precisan ese paseo del pulso vital que ya no solo vive en el presente somatico inmediato sino que se traslada en diversos hogares, construidos por afecciones del alma del que recuerda rememora y trae así, no el objeto de deseo sino el regozijo de saberse complacido por ese vaiven pasado futuro que atraviesa el sujeto como su propio objeto de placer.
    El orden figurativo que se construya atiborrado, decaido o incluso vació, finalmente estará a merced del espactador de si mismo. El vivo al gozo y el muerto al pozo, pues el muerto ya no recuerda más.

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