El poliamor y la revolución

A mi querido N.

red menace anti soviet propaganda 7
Propaganda anticomunista, a mi me parece lo contrario.

Hasta este punto de mi vida jamás he estado en una relación poliamorosa, por lo que esto que escribiré a continuación será como hablar desde supuestos teóricos (y tal vez bastante románticos). Pero me gustan las propuestas teóricas del poliamor, sobretodo porque se construye, como discurso, en oposición a la praxis del amor romántico que, a mi parecer, necesita urgentemente una revisión.

Una de las propuestas teóricas más importantes del poliamor es que, contrario a lo que la monogamia sostiene, una sola persona no puede dar a la pareja todo lo que ésta necesita. En el amor romántico la pareja es una suerte de alma gemela que comparte los mismos gustos y aspiraciones; es un confidente, un compañero sexual calificado para cumplir todos nuestros deseos y que además entiende –incluso intuye- la mayoría de nuestros conflictos emocionales, mostrándose siempre receptivo para solucionarlos. A mi parecer, se cultiva una idolatría (aún en relaciones ateas) en las que el otro es “The One” y que, como consecuencia “natural”, deviene un amor eterno al que se le debe exclusividad sexual (la fidelidad de la monogamia) y que encuentra su realización en el matrimonio y después en la familia.

En este contexto, el poliamor surge como la oposición a un sistema impuesto y construido a partir de una figura retórica, porque podemos cuestionar el matrimonio como institución legal y religiosa, ser más inclusivos en cuestiones de género, ser feministas, etc. pero seguimos creyendo que la monogamia es igual al amor romántico (la parte por el todo) y en esa base hay una cuestión política: la de entender la fidelidad sexual -y emocional- de la pareja como una propiedad.

Capitalismo y esquizofrenia

En “El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado” Engels describe cómo tanto en la poligamia como en la monogamia sólo se admite un macho adulto y un marido, “los celos del macho son a la vez lazo y límite de la familia, oponen ésta al rebaño”. Por lo que se constituye, junto con los celos, más como una norma cultural que natural a la especie humana.

La monogamia justifica de manera paradójica los celos, por un lado, se alude al lado “natural” de ellos, que se fundamenta en el instinto de perpetuación de la especie, y por otro se ven como una consecuencia del amor romántico (construcción cultural), el mismo que prefiere hacerse de la vista gorda frente a una infidelidad extramarital y que considera el sexo como un vicio. Nos queda la represión, el autocontrol, la negación como sinónimo de integridad moral. Sin embargo, los celos no son signo de una sociedad enferma, son un síntoma de emociones que deben comunicarse.

En ese contexto, para los poliamorosos, el amor no es un recurso cuantificable capaz de dividirse entre varias parejas; al revés, se aprende a amar mejor a través de lo que puedan aportar cada una de las experiencias con otras personas. Toda esta belleza me recuerda a la promesa de las revoluciones, pero hay que recordar, que igual que como sucede después de toda revolución, no se trata de erigir un nuevo sistema para desechar el anterior sino de edificar a partir de la ruina pero sin reproducir lo pasado.

La invasión de los ladrones de cuerpos ¿podemos huir del capitalismo?

“Del mismo modo que la posesión de los cuerpos y deseos ajenos forma parte del capitalismo emocional, la desvinculación de los mismos también lo es, pues comparte con ella la cosificación, el usar y tirar: las personas y los cuerpos como puro objeto de consumo, como entes substituibles” escribe Brigitte Vasallo en “Romper la monogamia como apuesta política”. En la versión light del poliamor (amo a todos, pero no amo a nadie) hay un claro reflejo, a mi parecer, de cómo nos relacionamos con los otros, los vemos como contactos prescindibles, como un medio para acumular experiencias sin comprometernos demasiado y ese es uno de los riesgos de entender mal la virtualidad: uno expone una construcción de sí mismo a través de una red social sin implicarse vitalmente.

Por eso el poliamor es diferente al trío sexual, a la gang bang y a la orgía, implica ya en la palabra no cosificar al otro, sino amarlo, no es gratuito que en cualquier experiencia romántica uno vea al otro como un sujeto único e irremplazable, de lo que se trata aquí es de descubrirse ante el otro y conocerlo.

La “guía Cat” para el poliamor

Otro problema retórico con el amor es que se cree que el único posible es el amor romántico, nos olvidamos del amor filial, el amor libre, el confluente, e incluso del amor religioso (y del que cada quién vive a su manera sin necesidad de ponerle adjetivo) pero por lo menos el filial y el religioso prescinden de la relación sexual. Del mismo modo, no toda relación poliamorosa es sexual, eso puede ser de gran ayuda para quienes consideran que la monogamia es más viable por cuestiones de higiene (supuestamente ayudaría a controlar enfermedades de transmisión genital).

Por lo que mi propuesta es no buscar cubrir todas nuestras necesidades emocionales en nuestra pareja, podemos cultivar mejor la amistad, las relaciones familiares, nuestra relación con nosotros mismos… pero estoy siendo tal vez muy romántica. Lo que es cierto es que comprometerse con los otros es saberse vulnerable, es exponerse al otro y eso puede afectarnos y lastimarnos. Y, aun así, no hay nada más aburrido que querer, desear, amar, hacer cosas sin ganas y sin poner algo de uno mismo en ello y en eso cada uno decide que tipo de relación le va mejor. Deberíamos entregarnos, aunque no obtengamos satisfacción (que es lo que garantizan los objetos de consumo) porque el sufrimiento también es vivencia. Hay que cosechar experiencias que nos transformen y con ello esperar, o no, la revolución.


Con esta entrada inicia la serie de reflexiones “opciones a la monogamia y al amor romántico”, también recomiendo ir al glosario para ampliar los conceptos de poligamia, monogamia, parejas swingers, amor libre, entre otros.

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