Acerca del patinaje artístico sobre hielo y el deseo del otro

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Foto de la patinadora Carol Heiss en los 60’s

Ahora que pasaron los Juegos Olímpicos de Pieonchang busqué el resumen del patinaje sobre hielo. En el programa libre femenino participó una japonesa que ejecutó toda su coreografía a la perfección sin ningún titubeo, pero también sin algo “extraordinario” a mi gusto; después hizo su intervención la rusa Alina Zagitova y aportó esa cosa “extraordinaria” que buscaba: le dio belleza a la coreografía; sus saltos no eran sólo saltos bien ejecutados, eran saltos con un bello gesto de las manos. A mi gusto, toda su expresión facial la colocaba más cerca de la idea de transmitir un sentimiento a través de sus movimientos y de la música, que de sumar puntos en la rutina y admirarla por el control de su cuerpo.

En pláticas con mi amiga X. llegamos a la conclusión de que lo más excitante, sobre cualquier práctica “fuera de lo común” o sobre cualquier atracción física, es sentir el deseo del otro; si no existe ese deseo, para mí el acto sexual se convierte en una especie de rutina bien ejecutada, con todas sus posiciones sexuales, sí, pero sólo eso. Esa belleza en la coreografía es similar a sentir atracción sexual que es la que despierta esa primera sensación eléctrica que te hace imaginar cómo sería ir más allá del beso y la caricia, pero también se asemeja a la gracia con que se ejecuta la rutina. Saberse deseado y sentir ese deseo durante la coreografía sexual es el motor que alimenta seguir deseando a esa persona.

Pero sentir el deseo del otro es algo muy diferente a “querer hacer gozar al otro”, a menudo he escuchado entre los hombres hacer énfasis en esa idea “lo que más me gusta es hacer gozar a mi pareja”. El problema en esa afirmación es que no me parece que exista equidad, se está muy cerca de pensar que uno está satisfecho mientras el otro goce, aunque uno no “alcance” o no “llegue” al placer. En principio, nadie puede dar a otro lo que no es capaz de permitirse a sí mismo, y en ese camino para “alcanzar” el orgasmo (si eso es lo que se pretende) hay que permitirse primero tenerlo y ese es un trabajo previo e individual.

Por eso soy partidaria de la idea de que el sexo, entre más sucio sea, mejor. Hay que dejar de lado la coreografía bien ejecutada para prestarle más atención a la improvisación. Dejemos el remilgo de lado e incluyamos en el repertorio las secreciones: el sudor, la saliva; las palabras sucias. Invirtamos los roles, arañemos, demos nalgadas o golpecitos; gimamos, gritemos, hagamos eso que pensábamos hacerle justo el momento anterior en el que aún manteníamos la compostura. Pero, sobre todo, hagámoslo con ganas.

4 comentarios sobre “Acerca del patinaje artístico sobre hielo y el deseo del otro

  1. Dos cosas que nos permiten dar soporte -más claramente soportar- las existencia y todas sus amenidades, darle salida a esa constitución prensada a la que estamos atados llamada cuerpo y a esa multicolor a la que estamos afianzados por el piso llamada mundo son el Arte y el sexo. Y más allá o más acá de las técnicas ejecuciones y policromias tenemos un espacio una ventana a posibilidades que liberan atinadamente los avatares de la creación y la procreación, pues en ambas es la vida y la naturaleza la que habla y nos atraviesa

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