¿Sueñan los androides con muñecas sexuales eléctricas? reflexiones en torno al deseo

A mi amigo I.

3.1_01
Fotograma de la película “Ghost in the Shell”, uno de los puntos claves es la reflexión sobre qué es lo que constituye lo humano.

Nuestro cuerpo es lo que nos constituye, pero se escapa a nuestra mirada, nos vemos en fragmentos, no vemos nuestra espalda ni nuestro trasero, no vemos cómo miramos o lo que comunicamos a través de nuestra mirada; sólo tenemos el testimonio que el otro dice de nosotros “hiciste ese gesto que me recordó a…”. En el anterior artículo sobre la gang bang de Sasha Grey apunté cómo la moral religiosa cercenó la unión entre lo corpóreo y lo sensorial. De ahí se desprenden otras parejas de opuestos: el logos contra la irracionalidad, las imágenes contra palabras, lo femenino contra lo masculino, la civilización contra la barbarie, lo social contra lo natural.

Incluso para escribir este artículo pensé en otra pareja de opuestos que tengo siempre muy presente: oriente contra occidente. En ese sentido, no puedo evitar presentar algunas ideas sobre el cuerpo en oriente a manera de oposición de cómo lo entendemos desde acá, por eso quisiera rescatar la idea del deseo precisamente como ese tercer elemento dialéctico que funciona como puente entre un pensamiento y otro.

2. Del otro lado

En oriente hay tradiciones en las que el cuerpo ocupa un lugar fundamental en relación con el conocimiento (de uno mismo y de lo otro) así, el ejercicio de la respiración en el yoga, más las āsanas (posturas) nos inducen a la percepción de nuestro cuerpo y a tener un control sobre él, nos provee de equilibrio, fuerza y resistencia. En las artes marciales éste control se adapta como un arma en contra del adversario, en ellas es fundamental entender cómo se siente y cómo se provoca el dolor.

En oriente mente y cuerpo son un todo integral, por eso “conocer nuestro cuerpo” no es sólo experimentar sensaciones por mera curiosidad, no se trata de, por ejemplo, ir a una sesión de spkanking para saber cuál es nuestro umbral de dolor (eso sería estar del otro extremo, elevar el cuerpo sobre la mente) sino de conocerse sabiéndose consciente de que se tiene un cuerpo con pulsiones que devienen deseos que permiten conocernos.

3. Cruza el deseo como un puente

Para el filósofo Baruch Spinoza “el deseo es la esencia del hombre”. El deseo es un empuje psíquico que nos permite existir (del latín ex: afuera y sistere, colocar); y al igual que las drogas o la meditación, a través del reconocimiento de su influjo en nuestro cuerpo –y a través del control del mismo- puede conducirnos a un estado extático. Como escribí en el artículo anterior, el deseo también nos permite construirnos en tanto seres plásticos con una biografía sexual, no nacemos como sujetos deseantes, nos construimos como tales y nuestro guía en nuestro paseo por el deseo es el placer.

Hay una línea filosófica, heredera del platonismo con resonancias en el psicoanálisis (sobre todo lacaniano), que lee el deseo como la búsqueda por satisfacer una falta. De acuerdo con esto, encontramos placer cuando existe una concordancia entre el deseo y dicha falta. Sin embargo, el deseo siempre es fugitivo, se presenta a través de las asociaciones que hacemos de las cosas, recordamos un momento por todo el paisaje: el clima, una especial luz, el sonido que había y una predisposición de nuestros sentimientos en ese momento (no es casual que la palabra recordar evoque la idea de “volver a pasar por el corazón”).

4. ¿Cogito ergo sum? el cyborg

Contra la idea cartesiana de que el pensamiento es el fundamento de la existencia, Gottfried Leibniz defendió la existencia de estados mentales inconscientes, de acuerdo con su teoría de las petites perceptiones insensibles: “existen percepciones, pensamientos e incluso apetitos de los que no somos conscientes y que aun así determinan en medida notable cómo pensamos y obramos.”[1] Por mi parte, soy partidaria de no despreciar ni la imaginación, ni el sueño, ni los estados extáticos como componentes fundamentales de lo que entendemos por conciencia.

Si nuestra conciencia depende del cuerpo que nos conforma, ¿qué sucede cuando nuestro cuerpo es atravesado por una prótesis robótica? ¿o cuando nuestra conciencia es colocada en alguna especie de nube? En el “Manifiesto cyborg” Donna Haraway define el cybrog como “un organismo cibernético, un híbrido entre máquina y organismo, una criatura de la realidad social y también de ficción”. Me parece que la figura del cyborg funciona como metáfora para volver a pensar las dicotomías presentadas anteriormente.

En “Ghost in the Shell” el personaje de la Mayor Kusenagi es un cyborg que en algún momento fue una mujer humana, de ese recuerdo aún conserva la costumbre de ingerir comida, aunque su cuerpo robótico ya no la necesite. La reflexión central de la película es si su ghost (el resquicio que la diferencia de la I.A) es suyo o ha sido generado a partir de recuerdos implantados, ésta es la misma cuestión que tiene el personaje de Rachel, el nexus de “Blade Runner”. Si extendemos la pregunta a lo humano respondemos entonces que, lo que nos define va más allá de nuestro género y más allá de pensar que es nuestro uso de la razón, entendida ésta como una entidad oculta en alguna parte de nuestro cerebro, lo que nos constituye.

5. Intersubjetividad

Finalmente, sabemos de la existencia de la conciencia porque ella se manifiesta en el lenguaje. Y si el lenguaje existe en la comunicación, nuestra conciencia se desarrolla en relación con lo otro, sólo de esta forma nos hacemos conscientes de nosotros mismos, de ahí la gran importancia de la erótica.

El “yo” no es más que una ilusión de la razón instaurada en occidente, para oriente el ego no existe. Arriesgaré una idea: en última instancia lo que conformaría el ghost del cyborg podría ser la red de información a la que está conectada, me gusta pensar que nuestra conciencia puede ser entendida de manera similar, vernos sin ego, en una red de conexión, en comunión con lo otro.

[1]https://www.researchgate.net/publication/312400906_Cuerpo_conciencia_y_voluntad_en_Nietzsche

Anuncios

6 comentarios sobre “¿Sueñan los androides con muñecas sexuales eléctricas? reflexiones en torno al deseo

    1. Pensé mucho en esa idea, pero creo que el inconsciente colectivo siempre tiene que ser inmaterial. Por eso los sueños son una buena forma de acercarnos a él, o la meditación o los éxtasis religiosos. Si existiera un cyborg que pudiera ser la presencia del inconsciente creo que para empezar sería más algo así como un androide, tendría que dejar de ser completamente humano… pero ¿no crees que los budas son algo similar a eso? son humanos que han trascendido una parte de su humanidad para conectarse con un todo y comunicarlo.
      Un abrazo.

      Me gusta

  1. Wow! que buen articulote! sin duda esta es una de Las Reflexiones… En un mundo en el que personas como Neil Harbisson ya han dado el primer paso hacia el transhumanismo, mientras que al mismo tiempo el mismo Elon Musk nos advierte frenéticamente sobre lo peligroso que es para la humanidad la existencia de una Inteligencia Artificial autonoma e indepente es bastante necesario reflexionar sobre lo humano… Una reflexión que sin duda necesitará aferrarse a las cuestiones mas románticas, emocionales y subjetivas para defender la ineficiencia, el poco cuidado por la lógica y el ruido que genera esta maquinaria llamada humanidad…. y que hace necesario también, que seamos nosotros los protagonistas de esa reflexión, ya que para una inteligencia superior su resolución se antoja obvia… sin duda estos pueden ser unas cuestiones importante a reflexionar, pero bastante terrenales ante la profunidad del teman de lo que somos en sí, de nuestra escencia, de nuestra alma… donde empezamos y donde terminamos a ser nosotros… la verdad creo que nunca habia leido tan sintentica y consistentemente eso de que “somos a través del Otro”… eso me recuerda mucho a Krishnamurti, que como buen hindú, hederero de la filosofia oriental, cuestiona la dicotomia individuo/sociedad, lo que me regresa a preguntarme sobre el tema de la identidad, el ego… ya lo dice Lacan, que estamos enfermos pero que queremos seguirlo estando… ya que nuestra relación con La Falta determina nuestra personalidad… por cierto eso que dices de vernos sin ego me recuerda mucho al personaje “Unidad” de Rick y Morty, y también al panteismo de Spinoza…

    Le gusta a 1 persona

    1. Creo que ya entiendo más tu punto respecto al poco cuidado de la lógica y a las emociones, aunque yo a veces me siento cyborg al cuestionarme si la idea de “lo humano”: la pasión, la imperfección, etc. No es también una especie de implante o idea general que todos creemos. Yo creo que “lo humano” va un poco al lado contrario, eso que hace desaparecer nuestra individualidad.

      Me gusta

  2. Gracias por dedicarme el artículo, siento un halago oculto en que este sea el más ñoño que has escrito hasta ahora. Me encanta tu idea de que el deseo funciona como un puente entre cuerpo (sentir) y mente (razón) [y todas las demás dicotomías que van amarradas a ésta], lo mismo con la erótica como una forma de auto-conocimiento y construcción de identidad. Pero como te comentaba en el artículo anterior a éste, me parece súper complicado el experimentar o sentir como tal ese puente. ¿Será que soy demasiado occidental? Recuerdo algunos cuentos de ciencia ficción y me parece que la trampa de todo está en que uno no es muy consciente de su propia corporalidad, siempre está ahí y precisamente por eso se esconde tan bien. La olvidamos y tal vez por eso nos obsesionamos tanto con identificarnos como seres racionales, cuando en realidad nuestro estar en el mundo es, irremediablemente, sensual y no racional.
    Por otro lado quería preguntarte justo sobre la tradición occidental que ve el deseo, en su propia posibilidad, una ausencia o falta; y si junto a esto pensamos el deseo como una forma fundamental para construir una identidad propia, siempre en relación a los otros; ¿esto no pinta un panorama triste en al que nunca dejamos de ensayar respuestas, sin fin, a la pregunta de quiénes somos? No sé, me pareció un cuento borgeano donde el don de la infinita repetición se volvía una condena.
    Pd: perdón por tardar siglos en comentar. Abrazos

    Le gusta a 1 persona

    1. Sí, a las historias de ciencia ficción les gusta jugar con esa idea del cuerpo como constitución de lo humano, por eso Robocop cuando tiene sus prótesis para matar se identifica con esa nueva constitución y se “deshumaniza”. Y respecto a la falta hay cosas muy interesantes al rededor de esa idea, por ejemplo la melancolía es el estado de desear en retrospectiva, tiene mucho de borgiano por ejemplo Casanova, que va en la búsqueda sin fin del objeto de deseo pero que siempre muda en otra persona, por eso para Kierkergaard el estado religioso “supera” el estético (el del Don Juan), para mí es como focalizar esa falta y encontrase completo en Dios, pero sin duda es algo que suena muy bonito pero debe ser muy difícil de conseguir.

      Le gusta a 1 persona

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s