Unas botas militares y un uniforme nazi, apuntes sobre las fantasías sexuales

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El género de cine nazi explotation tuvo su auge en Italia durante la década de los 70’s

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Escogí estos posters de películas de nazi explotation por varias cosas importantes: de manera general, representan las fantasías más comunes de hombres y mujeres: dominación, sadismo, masoquismo, fetichismo, violencia; y de manera particular ilustran una de mis fantasías sexuales más antiguas: hacerlo con un militar nazi.

Mi fantasía claramente tiene una limitante: está fuera del momento histórico necesario para poder realizarla, si quisiera llevarla a cabo tendría que hacer una especie de puesta en escena y disfrazar a mi compañero con uniforme militar, lo que tal vez produciría un efecto muy diferente al que me he imaginado (tal vez me parecería cómico y eliminaría todo lo excitante que tiene mi fantasía); sin embargo, esto no impide que de vez en cuando la fantasía tal y como me la he montado en la imaginación sirva como aliciente en mis actividades nocturnas (o diurnas, depende).

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La sexóloga Valérie Tasso establece la diferencia entre deseo y fantasía (sexual) al decir que la fantasía responde a la pregunta “¿qué soy capaz de imaginarme”? y el deseo a la pregunta “¿qué quiero hacer?” para ella, el elemento común en ambas es que son representaciones mentales de carácter narrativo pero la diferencia fundamental es que mientras la fantasía jamás se lleva a cabo, el deseo sí. La realización de un deseo o una fantasía depende enormemente del marco moral de cada persona; siguiendo a Tasso, para una persona una orgía, por ejemplo, puede ser o un deseo o una fantasía. Por tanto, a mi parecer si el código moral de cada persona posibilita la consumación del deseo, la fantasía mantiene una relación curiosa con lo que se entiende como “perverso”.

A grandes rasgos, lo perverso es todo lo que se desvía de la norma, la palabra deriva del latín perversioy su definición en el diccionario de la rae es: “la acción y efecto de viciar con malas doctrinas o ejemplos las costumbres, la fe o el gusto”. En este sentido, la obra del Marqués de Sade es un buen ejemplo de lo que se entiende por “perverso” porque describe situaciones eróticas “fuera de la norma”[1] viciando el gusto. Existe bastante controversia respecto a lo que entendemos por “perverso” ya que por fortuna no existe una norma que defina qué es “lo natural” en una relación sexual, principalmente porque una relación sexual es un fenómeno muy cultural, de eso dan cuenta las inmensas particularidades eróticas existentes, término que suplantó al de parafilia (“al margen del amor” según su raíz griega), por esa especie de carácter patológico que se le dio en la clínica. De esta manera, si el sadismo es consensuado se trataría de una particularidad erótica y no de una perversión.

En lo personal, creo que la distinción entre una y otra es muy similar a la existente entre deseo y fantasía: hay una especie de regulación moral que permite “normalizar” la parafilia  y condenar las perversiones; sin embargo, para mí hay una interesante carga simbólica (y por tanto ideológica[2]) alrededor de lo que se entiende por perverso. El nazi explotation monta situaciones perversas que sirven como metáfora: describen a través del sexo fuera de la norma los instrumentos de poder llevados al límite: el binomio víctima-verdugo es similar al del amo-sumiso, pero aquí no hay consenso, sólo goza el que está en el poder: es un sádico por excelencia. Si existiera placer en la víctima, dada la situación histórica, sería un gozo prohibido (y por tanto perverso), y creo que es justo en este punto donde radica la excitación para el espectador.

La imagen cinematográfica del nazi explotation crea una paradoja: al mismo tiempo que nos distancia de lo que percibimos produce una identificación con ello; para nosotros no está prohibido sentir placer con una situación que se representa como perversa porque sabemos que no es real, podemos ser masoquistas o sádicos hipotéticos mientras miramos “Campo de perversión” o “La última orgía de la Gestapo” estando seguros de éste lado de la pantalla y de esa misma forma funciona la fantasía: nos provee del material simbólico necesario (botas de cuero, látigos, un militar alemán) para armarnos todo un guion que puede ser llevado a escena o no.

Por último, le sugiero al lector que realice un sencillo ejercicio, la próxima vez que se imagine un deseo o una fantasía, descríbala de la manera más completa posible, hay que poner atención a todos los símbolos que utilizamos: el lugar, la ropa, el desarrollo de la situación, el rol que preferimos jugar en el acto sexual, porque estarán comunicando cosas que tal vez aún no tenemos muy claras sobre nosotros y el acto creativo es un sendero luminoso que nos lleva a un mayor conocimiento de nosotros mismos. Y es justo ese conocimiento el que nos permite realizar una fantasía (y convertirla en deseo) o no, porque puede ser que el placer del perverso justo sea mantener fuera de la norma lo que le produce placer, así evita la banalización de su deseo.

Nota:
En la segunda parte de éste artículo trataré más a fondo sobre la delgada línea existente entre fantasía y el deseo.

[1] A modo de recordatorio, el adjetivo sádico hace referencia a aquel que obtiene placer sexual infringiendo dolor al otro.

[2] La obra del Marqués de Sade también es profundamente ideológica, ya que lo que se entiende por “perverso” está función en denunciar la norma impuesta que impide a los hombres disfrutar del “goce”, pero este punto será tratado más a fondo en artículos posteriores.

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